Actualizado: 04/12/2021
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El “cementerio” de la mezquita-Catedral de Córdoba

El “cementerio” de la mezquita-Catedral de Córdoba

Vía: Luis Miranda / ABC

Cuando se ha hablado de instaurar el rezo compartido en la Mezquita-Catedral, pocos han caído en la cuenta de que nada más imposible, puesto que los musulmanes no aceptarían tener un lugar de culto sobre un cementerio, o al menos en un lugar donde reposan los huesos de tantas personas. Como pasa a todas las iglesias antiguas, muchos grandes personajes la escogieron como lugar de enterramiento. José Manuel Morales Gajete hace un inventario de todos ellos en su flamante «Enigmas y misterios de Córdoba», que acaba de publicar Almuzara.

De ellos sobresale el nombre de Luis de Góngora, el mayor de los escritores nacido en la ciudad, que había sido canónigo y que con toda lógica se debía enterrar allí. Su tuma está ahora en la capilla de San Bartolomé, aunque no en el subsuelo, sino en una urna. Allí acude la Real Academia de Córdoba cada año por un homenaje coincidiendo con el aniversario de su muerte, que acaeció el 23 de mayo de 1627. Muchas son conocidas, como la del Cardenal Salazar, ahora en el tesoro, en que la cofradía del Remedio de Ánimas se inspiró para el paso del Cristo.

Céspedes y el Inca Garcilaso
En la capilla de Ánimas está el Inca Garcilaso de la Vega, destacado escritor nacido en Cuzco, en el actual Perú, pero muy vinculado a Córdoba capital y Montilla. También reposan allí los restos del pintor y humanista Pablo de Céspedes, aunque no se sabe con exactitud dónde. La Mezquita-Catedral fue también tumba de Reyes de Castilla. Así lo dispuso Enrique II con su padre, Alfonso XI, y su abuelo Fernando IV. En 1371 se inhumaron allí, pero en 1736 se quisieron llevar de forma secreta a la Real Colegiata de San Hipólito, donde hoy siguen.

Se trasladaron cuando eran más de las dos de la madrugada, con una procesión de clérigos vestidos de negro y con antorchas. El lúgubre espectáculo no pasó desapercibido a los cordobeses y lo que quería ser secreto terminó muy comentado, como explica José Manuel Morales. Otros están en la Mezquita-Catedral por causalidad, como el virrey Pedro de Ceballos Cortes y Calderón, que reposa junto a la capilla de Villaviciosa. No tuvo ninguna relación con Córdoba, pero había regresado a España desde Suramérica para curarse de una enfermedad. Iba de camino a Madrid, pero las encías le seguían sangrando y paró en Córdoba. Se refugió en Capuchinos, pero terminó muriendo de escorbuto, así que se le enterró en la ciudad.

Desde el siglo XIX los enterramientos en las iglesias son excepcionales, pero en 2005 se volvió a vivir uno: el de José Antonio Infantes Florido, que había sido obispo de Córdoba entre 1978 y 1995, en que dimitió por alcanzar los 75 años, y que fue el primer emérito de la diócesis. Allí está su mausoleo, obra de los hermanos García Rueda. Otros restos están sumidos en el misterio, como los huesos hallados en las distintas obras e intervenciones de restauración.

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