Actualizado: 07/08/2020
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“La antropología forense no especula, es una ciencia”

“La antropología forense no especula, es una ciencia”

Vía: Autor de la entrevista: Francisco Gil /Atlántico

Fernando Serrulla, médico, criminólogo y antropólogo forense, nació en Madrid en 1959. Estudió Medicina en la Universidad de Valladolid. Es de la generación que veía al doctor Gannon, en la serie Centro Médico, a principios de la década de 1970.

Fernando Serrulla, confiesa que fue uno de los factores que le llevaron a su vocación. Hoy, es el tiempo de Bones, CSI, series en las que la ciencia forense se ve, prácticamente como una de las ciencias exactas. Una ciencia que él practica desde un laboratorio rural en Verín que se ha convertido en un centro de referencia en antropología forense en España y en el Mundo.

¿Realmente es una ciencia exacta, la antropología forense?
Yo creo que al igual que la medicina, la antropología forense es una ciencia de aproximación.

¿Cómo se hizo forense?
Cuando terminé Medicina empecé a hacer sustituciones en el Servicio Vasco de Salud. Entonces nosotros vivíamos en San Sebastián. Llegó la mili, que te parte la vida en el mejor momento, cuando acabas de terminar la carrera y tienes que estudiar para hacer el MIR. Total, que pasé unos años, hasta 1987 sin un trabajo fijo, haciendo sustituciones, hasta que empecé a hacer autopsias en San Sebastián, porque hacían falta forenses. Me contrataron durante un año y pico y luego me vine a Verín, con un contrato mejorado. Hablamos del año 1989.

¿Y cómo acaba aquí, en verín?
Pues porque el contrato que tenía en San Sebastián era muy malo, sin vacaciones y aquí conseguí uno de interino y era mucho mejor, con Seguridad Social… y así estuve durante un tiempo. Aquí conocí a mi mujer, me casé tuve un hijo, preparé la oposición y la aprobé en 1999. Tuve la suerte de poder elegir destino y me quedé en Verín.

Pero fue más allá de forense, ¿qué le atrajo de la antropología forense?
Había conocido en 1986 a Paco Etxeberría que me metió el gusanillo de los huesos y empecé a trabajar con huesos ya en el año 1989-90. Participé en muchas reuniones de la Asociación Española de Paleopatología. Ya desde entonces estaba muy vinculado al estudio de los huesos.

¿Cómo nace el centro de antropología forense de Galicia?
Le pedí a mi jefe, Benito López que es de Albarellos, que ya que se habían centralizado las autopsias en Ourense, me dejase crear un laboratorio de Antropología Forense en Verín. Le pedí permiso al Sergas para que me dejase utilizar la sala de autopsias de Verín, que quedaba libre. Luego resultó que suscitó un gran interés en el director general, que quiso hacer una inauguración y todo. En aquel momento no había instalaciones de este tipo en España. Solamente había un laboratorio en Madrid y se estaba creando otro en Barcelona. Que hubiera uno en Madrid, otro en Barcelona y el tercero en Verín, le hizo alucinar. “¿Tú vas a hacer esto?”, me preguntó.

Yo le dije que sí, que lo haría a mayores de mi trabajo como forense del partido judicial de Verín. Y lo cierto es tuve un gran apoyo y muchas facilidades por parte de la Xunta, del Sergas… Y así empezamos. Poco a poco, al principio con pocos medios, pero el caso es que gracias a mi iniciativa en Verín luego se fueron creando otros centros de antropología forense en el resto de España. Y con una respuesta muy positiva, en general, porque se percibe, y es cierto, que este trabajo le da un plus de calidad a la autopsia forense.

Y de un centro rural de autopsias ha pasado a un laboratorio de altura internacional
Así es. Es un laboratorio científico y en él no solo se realiza el trabajo del día a día, también se investiga y se imparte docencia. De ahí que la proyección de la unidad de antropología forense de Galicia haya sido muy grande tanto a nivel nacional como internacional.

¿Se puede decir que los muertos “hablan” más que los vivos?
Se puede obtener mucha información de los muertos. Más de lo que la gente puede pensar.
La morfología de las lesiones de los huesos está muy estudiada. Y aprendes mucho de la gente que lleva muchos años trabajando en esto. En mi tesis doctoral  cree una variable con todos los elementos que nos permitía valorar el estado de estrés medio ambiental. El grado de afección a que estaban sometidos los huesos por condiciones de vida muy duras. Bien problemas nutricionales, bien porque había empezado muy pronto a trabajar en una mina, o a cargar muchos pesos o porque no tenían dinero y la falta de condiciones de higiene le abocaban a padecer determinadas enfermedades, como la tuberculosis.

Con muy pocos medios a veces se logran grandes revelaciones. ¿No hay algo de juego especulativo?
A veces es un fragmento minúsculo donde está la clave de todo. Por eso es importante no perder ni un mínimo rastro. Pero ni jugamos ni especulamos porque eso es incompatible con el método científico. Otra cosa es que hables de posibilidades. Con las evidencias que te aporta un cadáver puedes ser muy preciso. Pero con un esqueleto, de un fallecido hace diez, veinte o treinta años, manejas unas hipótesis y no puedes hablarle al juez de una manera categórica. Tienes que ser muy prudente y abrir opciones, porque te manejas en un arco de incertidumbre bastante grande. Tienes que encajar todas las circunstancias, para no aportar solo dudas.

El forense se mueve siempre por el lado más sórdido de la sociedad. ¿Cómo es el retrato de ese mundo?
Hablamos no solo de asesinatos, sino de violencia en general. Violencia de género, agresiones. Hablamos de un perfil en el que predominan personas de un nivel social y económico bajo. No quiere decir que no haya violencia entre los ricos, pero sí es cierto y es algo que no digo yo, que está estudiado, que la violencia se da más en la parte más baja de la sociedad, donde hay menos recursos, menos estudios, en el sector en el que la vida es mucho más difícil.

Cuando leemos los periódicos o vemos la televisión, parece que vivimos en un tiempo muy violento. ¿Es realmente así?
La violencia viene condicionada por la situación sociopolítica y económica de un país. Cuando hay más desigualdad social, una clase baja muy deprimida, unas grandes diferencias sociales, crece la violencia. Nosotros vivimos en un país que tiene una tasa de violencia muy baja. Y Galicia es una región que no destaca por su violencia. Y en Ourense, en los últimos treinta años tenemos una media de un homicidio al año y es una tasa de homicidios muy baja.

Hice un estudio sobre los homicidios en Ourense y el principal móvil del homicidio es un móvil emocional. Es una emoción descontrolada que genera una actitud que acaba en un homicidio.

ENLACE: Atlántico.net

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