Actualizado: 04/12/2020
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La contadora de… tumbas

La contadora de… tumbas

Vía: Rita M. Martín / ABC

Libreta y bolígrafo en mano, frente a las puertas del cementerio del municipio de Alhendín, (provincia de Granada). Así comienza la jornada laboral de Conchi García. Concejal de Participación Ciudadana se embarcó en un proyecto que algunos calificaron, cuanto menos, de imposible. El tiempo y el tesón de esta vecina del pueblo les ha quitado la razón.

Durante casi cinco meses ha pasado más tiempo con los muertos de Alhendín, que con los vivos. Su trabajo: hacer un recuento manual de todas las tumbas que hay en el camposanto alhendinense, para crear un registro actual e informatizado dónde se determine la ubicación de cada difundo, así como el número total de enterramientos en el Cementerio Municipal de San José.

La necesidad de actualizar este registro, que se encontraba incompleto, y «era poco fiable», proviene de la creación de una nueva normativa reguladora municipal sepultural. «No teníamos datos actualizados, y aunque el proceso era complejo, no había otra fórmula mejor que irse al camposanto para apuntar el nombre de cada persona que estaba allí enterrada y el lugar en el que se encontraba su cuerpo», explica Conchi García, que además reconoce que esta experiencia la ha convertido en una auténtica experta de la historia de su pueblo, «he aprendido mucho, me he emocionado al conocer algunas historias personales, y he valorado mucho más, si cabe, a la gente de mi pueblo».

La concejala explica que muchas personas no sabían dónde estaban enterrados su familiares, «llegaban al ayuntamiento preguntando cómo podían tener esa información, y era complicado, porque los registros estaban en libros muy antiguos, con localizaciones que en algunos de los casos no coincidían con la información de a pie de campo». Reconoce que la colaboración de los vecinos ha sido fundamental, «sus historias y recuerdos han ayudado a dar forma al archivo actual».

En esos libros antiguos, «que había que manejar con mucho cuidado» se detallaban cómo estaban enterrados los difuntos: en tierra, en nicho de pared o incluso con o sin caja. «Los datos que he ido recopilando en mis visitas al camposanto se han ido cruzando con los de los libros que se tenían, y se ha hecho un nuevo registro informático mucho más completo», asegura la concejal de Participación Ciudadana, que comenta que además, «las búsquedas de información se pueden hacer por diferentes patrones».

A lo largo de estos meses han sido muchas las anécdotas que Conchi ha vivido. «Desde nichos donde había enterradas nueve personas, o muertos que han cambiado de ubicación varias veces, y sobre todo, historias humanas, siempre las más importantes», asegura la concejala.

El ataúd Osuna
De entre esas historias la del ataúd funerario que don Manuel Osuna cedió a los vecinos del pueblo. «Él decidió enterrarse en tierra, y que su caja se utilizase para velar a los muertos que no tenían posibles para tener una caja. Así que en los libros históricos también se especifica si el difunto estaba enterrado en caja o sin ella».

El cementerio municipal San José de Alhendín, ubicado en el Camino Viejo de Granada, tiene una extensión de 10.000 metros cuadrados, la parte vieja estaba compuesta por unos 4.588 metros, y posteriormente se le añadieron más hasta llegar a los 10.000.

Sin embargo, este no ha sido el único cementerio que ha tenido Alhendín. Hubo uno que estuvo al lado de la casa del cura, y un cementerio musulmán, que ha ido apareciendo en diferentes excavaciones.

«A veces, algunas historias han sido duras. Pero al fin y al cabo han sido las historias de la gente de mi pueblo, y me siento honrada por haber podido formar parte de ellas», asegura Conchi, una mujer que se ha convertido en toda una heroína de su trabajo.

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