Actualizado: 10/12/2018
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Unos 250 cadáveres donados a la ciencia se agolpan corruptos y en condiciones insalubres y peligrosas

Unos 250 cadáveres donados a la ciencia se agolpan corruptos y en condiciones insalubres y peligrosas

Vía: Q. Alsedo y P. Herraiz / El mundo

Unos 250 cadáveres donados a la ciencia se encuentran en condiciones insalubres y peligrosas. Una ingente pila de cadáveres, se agolpan corruptos y en malas condiciones, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Concretamente, en el departamento de Anatomía y Embriología Humana II.

Son cadáveres de personas fallecidas, que donaron sus cuerpos a la ciencia de forma altruista… Y terminaron desperdigados en un sótano cuya capacidad hace mucho que quedó rebasada, mezclados con otros restos, anónimos y sin identificación alguna. «No somos ricos y no hay peligro sanitario», explica Ramón Mérida, director del departamento, que reconoce que algunos cuerpos llevan allí «hasta cinco años» y que da su versión: «El funcionario que opera el horno se prejubiló en diciembre, y no ha habido manera de convocar la plaza porque los sindicatos denuncian que el horno no está en buenas condiciones». Los representantes de los trabajadores dicen que el horno, instalado en 1991, emite gases nocivos.

Los cadáveres, como comprobó el diario El Mundo, se reparten en varias estancias. En el peor de los casos, el del llamado «secadero», sólo están separados del resto del departamento de Anatomía por una puerta de cristal esmerilado, junto a pasillos y habitaciones oscuras en las que se apilan muebles, polvo y telarañas. Esta cámara es rectangular, mide unos 25-30 metros cuadrados y está surcada por un pequeño corredor central que une la puerta con una ventana alta, sucia e inalcanzable, permanentemente cerrada.

A ambos lados del corredor están las tinas de formol, una especie de inmensas bañeras alicatadas y tapadas con planchas metálicas, en las que quizá haya más muertos, para abrirlas habría que retirar una montaña de cadáveres. Y luego está el olor. El horrible aroma de la muerte, que se mezcla con años y años de soluciones de formol inyectadas en dosis de 20 litros a cada voluntario que donó su cuerpo. Un ambiente que ataca al visitante como un vapor venenoso, quemando la garganta al respirar, como comprobaron los redactores.

Los vapores abrasan al respirar, y ahogan un ambiente insalubre en el que según los sindicatos flotan bacterias y virus, donde los trabajadores tienen que acudir a diario. Apenas unas 20 personas tienen acceso a estos sótanos del departamento, aunque en realidad cualquier estudiante curioso puede colarse a verlo: las prácticas se hacen en el piso de arriba, nada impide bajar al sótano.

La insólita situación, que puede suponer riesgo sanitario para los trabajadores, ha sido denunciada por responsables sindicales a Ramón Mérida, que niega peligro ninguno para los operarios: «Además, los cadáveres infectados en absoluto se tocan, se incineran directamente, por supuesto». Y remata: «Todo está en vías de solución: el funcionario prejubilado ocupará los 40 días que tiene que trabajar al año quemando restos, y lo demás lo llevaremos a otros hornos».

Según los expertos, no existe ningún protocolo legal para el cuidado de estos cuerpos una vez son entregados por el donante, más allá de algunas recomendaciones genéricas de la Sociedad Española de Anatomía.

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