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Actualizado: 01/10/2022
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Familiares molestos por la manera de exhumar y trasladar los restos del cementerio viejo de Amillaga al nuevo de Artzabal

Familiares molestos por la manera de exhumar y trasladar los restos del cementerio viejo de Amillaga al nuevo de Artzabal

El Ayuntamiento de Deba (provincia de Guipúzcoa) anunció el pasado 29 de octubre que este mes de diciembre iba a iniciar el vaciado del viejo cementerio de Amillaga, con el consiguiente traslado de los restos allí depositados al nuevo camposanto de Artzabal.

Ese nuevo equipamiento se construyó en el tramo final de la pasada legislatura, pero sigue sin ponerse en funcionamiento a pesar de que en noviembre del pasado año el Departamento de Salud del Gobierno Vasco ya concedió la autorización necesaria para su uso y el Consistorio procedió a la recepción que daba por terminadas las obras de construcción.

Además, la Corporación local aprobó en el Pleno del pasado 4 de marzo (de manera inicial) el reglamento que regula el régimen de funcionamiento y la liquidación del nuevo equipamiento, que ha supuesto una inversión total de 1.972.985 euros.

En cualquier caso, el anuncio realizado por el Consistorio parecía vislumbrar que, tras varios aplazamientos, la esperada puesta en marcha del nuevo cementerio iba a ser una realidad antes del final del presente año.

Sin embargo, todo apunta a que esta vez tampoco va a ser posible. Y es que la manera de abordar el vaciado del viejo camposanto ha causado un profundo malestar entre las familias de las personas allí enterradas, que no están dispuestas a permitir ningún movimiento de los restos sin contar con todas las garantías de que el traslado se haga correctamente.

Tras contactar con NOTICIAS DE GIPUZKOA, varios afectados por esa situación acusan a los responsables municipales (EH Bildu) de «una total falta de sensibilidad en un tema tan delicado como este» y de haber dejado «en manos de una empresa privada todo lo relacionado con el traslado de los restos, sin haber sido capaces de convocar una reunión para comunicar a las familias afectadas de manera directa cuáles son sus intenciones».

Ese malestar quedó de manifiesto en una reunión que se celebró el pasado día 5 de diciembre y que, dada la gran afluencia de gente (acudieron del orden de 200 personas) se tuvo que llevar a cabo en el interior de la parroquia de Deba y no en la sacristía, como estaba previsto inicialmente.

Durante ese encuentro, varios de los asistentes acusaron a los gestores locales de no estar haciendo las cosas como es debido y de actuar «con una total falta de transparencia y sin habilitar ningún cauce para la participación de las familias implicadas, cuando se les llena la boca hablando de participación ciudadana». Incluso, hubo quienes remitieron a título personal una carta al propio alcalde, Gilen García, dejando constancia de su malestar con la manera de abordar el asunto.

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