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Actualizado: 05/12/2022
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Las vistas secretas de Iznájar

Las vistas secretas de Iznájar

Las vistas secretas de Iznájar

La pequeña villa de Iznájar (provincia de Córdoba) cuenta entre su patrimonio monumental con siete miradores que ofrecen unas panorámicas del casco urbano y del Embalse de Iznájar que son difíciles de olvidar y de visita obligada por su extrema belleza.

Sin embargo, pocos pueden presumir de conocer las estampas que se divisan desde uno de sus lugares mejor guardados, el camposanto Nuestra Señora de la Piedad, una joya desconocida no solo por las imágenes que dejará en la retina de los turistas sino porque la belleza de este entorno le ha llevado a situarse como uno de los 10 cementerios más bonitos de España.

Con motivo de la “Festividad de Todos los Santos”, este lugar tan espiritual alcanza un gran protagonismo no solo porque las familias acuden, incluso durante la noche, a recordar y velar a aquellos que ya no están sino porque también se celebra la Procesión de Todos los Santos. La Hermandad de los Apóstoles de Iznájar franquea esta comitiva portando cada uno de sus miembros una calavera que durante todo el año custodian en su sede situada en una casa cueva. La cofradía guarda y protege estos doce cráneos que salieron a la luz cuando se derrumbó la antigua cripta parroquial en 2007 aproximadamente, fecha en la que comenzó esta tradición.

A diferencia de otros municipios, el cementerio está situado en un lugar privilegiado como es el Barrio de la Villa donde se concentra la mayor parte del riquísimo patrimonio histórico de Iznájar, ubicado en la ladera de una montaña. Y, precisamente, coronando esta colina se asienta el Castillo de Iznájar, el pósito –transformado en Biblioteca Pública-, la Iglesia renacentista de Santiago Apóstol y a su lado el propio cementerio perfectamente integrado en la villa.

Su cercanía a la parroquia se debe a que, antiguamente, los enterramientos de los clérigos se llevaban a cabo en la Iglesia mientras que el resto de vecinos se realizaba en un anexo cercano a la parroquia –hoy conocido como el cementerio- a través de unas peculiares y curiosas tumbas cubiertas de teja. Esta costumbre, sin embargo, cesó hace más de 100 años con el sepelio del bisabuelo del organista.

El acceso al cementerio de Iznájar se realiza por un pequeño paseo, marcado por el silencio, al que se accede desde la Plaza de la Iglesia y que lleva directamente hasta los enterramientos más antiguos con sus características techumbres. Al encontrarse en la ladera de una montaña, el camposanto de Iznájar no ha tenido más remedio que adaptarse al terreno y extenderse a lo largo de 4 o 5 plantas o terrazas hacia abajo que destacan por su forma irregular y en la que cada una cuenta con un acceso propio. Esta construcción destaca también por su espectacularidad pues muchas tumbas se hayan al filo de un escarpado acantilado de alrededor de 200 metros de altura.

De esta forma, el viajero se sumerge en un pequeño laberinto de callecitas blancas llenas de cal, estrechas y empinadas, coronadas por las tumbas donde nunca faltan las flores de colores. Este contraste fue uno de los motivos por los que la Junta de Andalucía decidió incluirlo en su publicación “Cementerios de Andalucía” catalogándolo como uno de los más bellos de la Comunidad.

Pero si hay algo por lo que destaca el camposanto iznajeño es por ofrecer unas vistas únicas e inolvidables del Embalse de Iznájar –el más grande de toda Andalucía-, de las cercanas Sierras Subbéticas y de los interminables e infinitos campos de olivo que tanto bien le han proporcionado a esta zona. Todo un remanso de paz al que acceder con respeto para sentarse a disfrutar del paso del tiempo y de la tranquilidad que ofrece el lugar al mismo tiempo que observamos la inmensidad de la naturaleza y del Embalse.

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