Actualizado: 15/11/2018
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Un tanatorio reconvertido en café abre sus puertas en un cementerio berlinés

Un tanatorio reconvertido en café abre sus puertas en un cementerio berlinés

Vía: Autor: Johannes Kulms)

Antes acudían los familiares a velar a sus seres queridos. Hoy, en lugar de muertos hay café, pasteles y tostadas. Un tanatorio reconvertido en café abre sus puertas en un cementerio berlinés.

Un cortejo fúnebre se desplaza lentamente por un pequeño camino del cementerio. El sol otoñal brilla entre las hojas de los árboles. Sólo a unos metros de distancia están sentados Sebastian Klopfleisch y Gritt Brosowski bebiendo café delante de lo que era el antiguo tanatorio en el barrio berlinés de Kreuzberg.

No pueden ver el cortejo fúnebre desde donde están. “Me parece encantador haber tenido la idea de abrir un café aquí. Así existe algo con vida también”, comenta el joven de 34 años que acude con frecuencia al cementerio a pasear.

Los cafés en los cementerios no es algo muy extendidos de momento. Desde la popular calle Bergmannstr -una zona llena de cafés y bares- apenas se puede divisar el histórico edificio de ladrillo rojo en el
 cementerio de Friedrichwerdersch.

En el pabellón de mediados del siglo XIX se velaba antiguamente a los muertos. Era costumbre atarles a los pies una campanilla para estar totalmente seguros de su muerte antes del sepelio. Con los años el edificio quedó en desuso y la iglesia evangélica comenzó a pensar en nuevas posibilidades de utilización.

“Una de las últimas ideas que se planteó fue abrir un museo de sillas o calzado”, comenta Martin Strauss. Sin embargo, el alemán de 48 años recibió finalmente la autorización para abrir el café que gestiona junto a su mujer Olga.

Las obras de remodelación del edificio protegido como monumento histórico duraron cerca de un año. El propio Strauss, que trabaja también como arquitecto para la iglesia evangélica, se encargó personalmente de ellas.

El pequeño café es relativamente silencioso por las mañanas. Sólo se escucha el zumbido de la nevera. Olga Strauss está detrás de la barra y prepara tostadas. “Al mediodía hay más jaleo”, afirma. Olga trabajó anteriormente en una torrefactora de café y de ahí le vino la idea de abrir un café en el cementerio.

En una esquina del café están sentados cuatro jubilados. “Un café hace mucho más atractivo el cementerio”, declara uno de ellos de 73 años. “Es un lugar donde se puede hablar sobre los muertos que están enterrados aquí”, comenta por su parte una mujer de 64 años.

“La mayoría de nuestros clientes son gente que acude a visitar las tumbas o vecinos de la zona”, informa el dueño del café. Ese es su objetivo, conseguir ser un café tranquilo sin el barullo existente en la vecina Bergmannstr.

De acuerdo a la asociación de cementerios alemanes los cafés en cementerios siguen siendo hoy en día una excepción. Sin embargo, podría convertirse en una nueva tendencia en la capital alemana que desde hace años ya cuenta con el Café Finovo en el cementerio de
Schöneberg.

“En un par de años los cafés en los cementerios dejarán de ser seguramente una excepción”, opinó Jürgen Quandt, párroco jubilado y director de la Asociación de Cementerios Evangélicos del barrio de Mitte en Berlin.

“En Berlín existen más cementerios donde este tipo de instalaciones serían posibles o están dentro de sus planes. “En primer lugar se trata de hacer accesible un lugar público”, comentó Quandt.

En el Café Strauss se organizan conciertos y lecturas, incluso de novela negra, todo bajo un acuerdo basado en la confianza con la iglesia. “Ellos saben naturalmente que no voy a organizar un concierto de Metallica”, indica el arquitecto alemán.

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