Actualizado: 29/07/2021
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El primer cementerio de los ciudadrealeños estaba situado junto al Guadiana en la zona baja del monte

El primer cementerio de los ciudadrealeños estaba situado junto al Guadiana en la zona baja del monte

Vía: Hilario López / El Crisol de Ciudad Real

Las obras del colector de Poblete hace ahora casi tres años descubrieron algo que los arqueólogos llevaban buscando desde que en 1984 comenzaron las excavaciones en el yacimiento de Alarcos, (Ciudad Real). Una falcata, una espada íbera, señalaba el punto donde estaba la necrópolis íbera de Alarcos.

Es el primer cementerio de los ciudadrealeños, situado junto al Guadiana en la zona baja del monte y en él se llevan excavando dos años. Realmente sería el segundo, pero como ocurre en algunos municipios, el Oppidum de Alarcos, el asentamiento íbero del cerro, se quedó pequeño y hubo que construir sobre el primer ‘camposanto’ allá por el siglo sexto antes de Cristo. Bajo algunas casas hay restos de tumbas, por lo que la necrópolis junto al Guadiana se trata del primer cementerio, nacido como tal y dejado como tal.

La tercera campaña en esta zona busca delimitar los límites de la necrópolis. En la primera hace dos años se descubrió lo que se llama una tumba principesca, un enterramiento de un hombre de popularidad en aquellos tiempos, y que supuso un gran logro. El año pasado se abrió en una zona buscando esos límites pero no se encontraron, y se siguió el recorrido del colector, encontrando otras siete tumbas íberas.

La de esta semana “es una campaña de solo de una semana porque queríamos comprobar una serie de cuestiones”. Lo explica Rosario García, profesora de la UCLM, encargada de los trabajos en la necrópolis junto a los alumnos de historia y David Rodríguez, el profesor que se ocupa de la parte medieval de Alarcos. Este año los estudiantes solo excavan en la necrópolis, el yacimiento del cerro se deja para más adelante. Los recortes también han llegado a este campo.

Durante una semana tratarán de encontrar hasta donde llegan las tumbas, aunque explican que seguramente estarán debajo de la carretera, si no se las ha llevado el Guadiana. “Vamos a abrir solo dos cuadriculas”, en busca de estos límites, y seguramente las excavaciones en este espacio concluirán el próximo año, con una zona más donde un estudio geofísico ha mostrado anomalías en el subsuelo.

Primer estudio de la necrópolis
“Hemos recuperado 17 tumbas, que hemos excavado nosotros, y además hemos incorporado toda la documentación del arqueólogo, de cuando se hizo el colector y la zanja, con otras 20″. En total hay unas 40 tumbas localizadas y ahora se puede comenzar a “documentar una necropolis ibérica que no se conocía”. “No son demasiadas tumbas” pero “son muy ricas”, afirma García, que recuerda que en este tiempo han encontrado tres falcatas, una de ellas se puede ver en el Museo Provincial, ajuares, cerámicas y 430 astrágalos, las tabas como las conocemos nosotros, y que estaban en una única tumba, bien como muestra de poder económico o reconocimiento del Oppidum. Unos datos que dan para el primer estudio del cementerio.

“Normalmente las necrópolis ibéricas se sitúan siempre a los pies del cerro donde viven, a veces es en ladera, y aquí esta claramente demostrado”, indica cuando se le pregunta por el trabajo que van a presentar. Además la necrópolis permite conocer si había comercio, sobre todo por la cerámica , y en la de Alarcos se han descubierto piezas de otras culturas, que muestran que había negocios con otros pueblos.

Más allá de esto habrá que esperar para solventar algunas dudas que surgen en las necrópolis íberas. Siempre tienen menor número de tumbas de las que deberían, por lo que aún no se sabe si todo el mundo tenía derecho a ser enterrado. Tampoco se pueden conocer la composición de hombres y mujeres del Oppidum, al incinerar a sus muertos los íberos y encontrar huesos calcinados, se entra en una ciencia cuyo estudio comienza ahora.

Para entender la ausencia de tumbas, Rosario García explica que 40 tumbas en un asentamiento de cinco o cuatro siglos, del VI al II antes de Cristo, parecen poca. La razón puede ser que haya otras necropolis por descubrir o que buena parte de las tumbas desaparecieron entre la agricultura, obras anteriores o las crecidas del Guadiana. La tumba íbera normalmente es una urna enterrada, y cualquier trabajo agrícola en la zona se la pudo llevar hace años. Son raras las tumularias, aunque en este aspecto la de Alarcos también es extraña y tiene bastantes.

“Si solo hay una necrópolis sería grandísima, son muchos siglos enterrando”, indica la profesora, que apunta más a la teoría de varios ‘cementerios’. La que están excavando, por algunas fíbulas de las piezas y la cerámica, está data entre los siglos cuarto al segundo antes de Cristo. Encontrar estas otras necrópolis depende en exclusiva de la suerte, ya que se ha buscado con prospecciones, cuadrículas en busca de restos, pero no se han encontrado.

De hecho, las excavaciones actuales son fruto de una de esas casualidades. Un ingeniero marcó en un plano el trayecto de una tubería, los obreros abrieron una zanja donde les dijeron y en ese espacio, que no llegaba a un metro de ancho, se encontró una falcata y esas 17 tumbas. Puro juego de probabilidades que apenas ocurre una vez.

Necrópolis y estudiantes
Musealizar este enterramiento apenas tiene “sentido”, comenta la profesora de la UCLM. Las excavaciones apenas dejan restos cuando se trata de tumulares y las demás tumbas son un hoyo con las cenizas. “No tiene sentido musealizarlo” porque el coste sería mucho y lo que se vería poco. “Es más sencillo hacer reconstrucciones”, explica.

La de este año de hecho es la penúltima vez que se podrán ver estos restos. El año que viene se excavará en otra zona donde el georadar que se pasó para ‘ver’ el subsuelo descubrió una anomalía, y a partir de ahí el primer cementerio de los ciudadrealeños descansará de los estudiantes de la UCLM que en estos días aprenden arqueología de una forma practica.

Estos estudiantes, este año, durante una semana cogen algo de experiencia. Muchos repiten y otros son nuevos, intercalando los que todavía no han hecho trabajo de campo con los que aprenden nuevas técnicas en el tiempo que pasan en Alarcos. “Los que aterrizan aprenden lo rudimentario”, los de otros años “amplían conocimientos”, comenta Rosario, que recuerda que ” la arqueología es muy práctica” y hacen falta muchos años de experiencia y muchas excavaciones en diversos espacios para aprender el oficio.

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