Actualizado: 19/01/2019
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Crematorios, ciencia e independencia

Crematorios, ciencia e independencia

Vía: Mª Manuela Castillo Gracia

Es difícil hacer que un hombre entienda algo si su salario depende de que no lo entienda”, Upton Sinclair.
He decidido comenzar con esta cita porque es aplicable cuando intereses privados, como es el caso del crematorio de Sant Joan, (Alicante), amenazan un interés general, como es el derecho a la salud.

Lamentablemente conocemos algunos ejemplos: cuando la ciencia demostró la relación existente entre fumar y el cáncer de pulmón, algunas tabaqueras lanzaron anuncios publicitarios que sostenían que su marca de cigarrillos era la más consumida entre médicos y enfermeras; una parte del sector pesquero presionó a instituciones estatales para que ocultaran datos sobre la cantidad de mercurio presente en ciertas especies de pescado, aunque dicha administración tuvo que recomendar a embarazadas y menores de tres años no comer emperador ni atún rojo por el alto contenido en este metal.

Una empresa que necesite legalizar una actividad contaminante puede obtener un informe ambiental de dos formas: mediante un organismo independiente, como la Universidad, o bien mediante empresas privadas, que responden a los intereses particulares del cliente que les contrata y paga. Se da la circunstancia que es en una de esas empresas donde trabaja el Sr. Climent, autor el domingo día 10 de la tribuna titulada “El crematorio y sus emisiones”.

Sí, la empresa ofrece servicios como “tramitación de licencias ambientales, autorizaciones de vertidos, declaración de emisiones y transferencia de contaminantes al registro E-PRTR”.

En su artículo, el Sr. Climent alerta de los “peligros” de internet, haciendo creer que los datos que se están dando sobre la peligrosidad de los crematorios son fruto de búsquedas en la red sin criterio y que generan alarma injustificada. La búsqueda se ha hecho en bases de datos especializadas como “pubmed”, bases en las que no se ha encontrado ningún trabajo publicado por el Sr. Climent, ni sobre contaminación atmosférica, ni sobre ningún otro aspecto, al menos publicaciones con sistema internacional de “referee” que garantice su calidad e INDEPENDENCIA.

La persona encargada de la búsqueda bibliográfica tiene formación científica y sus trabajos de investigación en fisiología animal sí están referenciados en estas bases de datos. 
En estos trabajos independientes se hacen estudios epidemiológicos que relacionan a los crematorios y/o a las sustancias que emiten con daños a la salud humana como la producción de distintos tipos de cáncer, muertes fetales o graves malformaciones del desarrollo embrionario. Como es lógico en un estudio epidemiológico serio se exige que los riesgos se cuantifiquen estadísticamente, pero también es lógico que como ciudadanos no miremos decimales, porque sabemos que con el tiempo necesario de exposición una enfermedad más o menos probable se hace presente.

A quien le ha tocado en suerte padecer una enfermedad, ni tiene el uno por ciento de un tumor, ni está muerto un día de cada mil. Ahora bien con la debida voluntad política y con el debido sentido de la responsabilidad se puede evitar al ciudadano correr riesgos que no tienen otra justificación que el interés económico de unos pocos. En consecuencia, no nos vale que nos digan que de algo tenemos que morir. No nos valen las ecuaciones que comparan un crematorio con actividades colectivas, como la circulación de los coches, o con el uso del tabaco, del que cada día se restringe más su consumo público.

El Sr. Climent habla en sus ecuaciones de cierto tipo de emisiones: monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y de azufre, pero me temo que se queda corto en el análisis. No dice en ellos nada de sustancias tan peligrosas como isótopos radiactivos (frente a los que el vacío legal existente deja al ciudadano desamparado), o mercurio (que es la sustancia más peligrosa que puede emitir un crematorio). No sé si el Sr. Climent ha visto el proyecto que en su día presentó la funeraria ASV para la tramitación de la autorización del crematorio, pero le aseguro que ni siquiera menciona al mercurio como emisión y, menos todavía, contempla la utilización de filtros para este metal.

El posible efecto que pueda tener un crematorio en las personas no solo depende de sus emisiones sino del tiempo que las personas se exponen a las mismas y de las características de las personas que las reciben. En sus ecuaciones todos los crematorios son iguales. El que alarma a los ciudadanos de Sant Joan está a unos 200 metros de un colegio y de un centro de salud, pegado a un hospital, a un campus universitario y a zonas residenciales. ¿Ha hecho el Sr. Climent cuentas de cuántas horas puede pasar un niño expuesto a las emisiones a lo largo de su trayectoria educativa? ¿Ha considerado que la vulnerabilidad de niños, fetos y embriones es mucho mayor que la de personas adultas? 
Me temo que su conocimiento de la fisiología humana, vista la burda confusión plasmada en su frase “regulamos nuestro tránsito intestinal (sí, emitimos CO)”, le ha impedido incluir estos parámetros a sus sorprendentes fórmulas.

Quizás su interés haya sido “instruir” a los ciudadanos de Sant Joan pero debería informarse del grado de exposición que las personas tendrían a esta actividad y de las características concretas de este crematorio. ¿O tal vez ha visto el proyecto? Y si es ese el caso, me pregunto que interés tiene en él. 
En algo estoy de acuerdo, hay que ser rigurosos, pero un análisis no puede ser riguroso si no es INDEPENDIENTE.

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