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Actualizado: 05/12/2022
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Alumnos de psicología del IES León Felipe reflexionan sobre la muerte y el duelo en el cementerio y tanatorio

Alumnos de psicología del IES León Felipe reflexionan sobre la muerte y el duelo en el cementerio y tanatorio

Alumnos de psicología del IES León Felipe reflexionan sobre la muerte y el duelo en el cementerio y tanatorio

Organizado por las profesoras de psicología de 2º de Bachillerato en colaboración con la Funeraria La Soledad y el CEB Ledo del Pozo, alumnos de psicología del IES León Felipe visitaron el tanatorio y el cementerio para reflexionar sobre la muerte.

La visita guiada por el cementerio de Benavente (provincia de Zamora) consta en visitar algunas tumbas de interés histórico y artístico, y posteriormente una visita al tanatorio que la funeraria La Soledad, tiene junto al cementerio, acompañados por su directora Clara Díez, donde recibieron también una interesante charla sobre las fases del duelo.

El objetivo de esta charla, según manifiestan las profesoras, es «harlar sobre la muerte de manera natural, así como hablar de las fases del duelo propias de la pérdida de un ser querido. De igual modo queremos reflexionar sobre el concepto de la muerte y su tratamiento por parte de las diferentes culturas”.

Ofrecemos el contenido elaborado por la profesora María Ruíz Somacarrera, donde explica a los alumnos el concepto de muerte y duelo.

 “La muerte es una idea abstracta que no se limita a entender que algo estaba vivo y deja de estarlo; es comprender que es un fenómeno irreversible. Quien muere se va para siempre.” (Nahum Montagud Rubio. Psicología y mente). Ese concepto, el de muerte, tiene mucho que ver con la autoconciencia, a diferencia de los animales, el ser humano es consciente de su finitud, de que va a morir, y de ahí que actúe en consecuencia. Este es uno de los temas recurrentes de la filosofía y el pensamiento en toda la historia del ser humano.

Sería interesante buscar cuál es uno de los elementos unificadores en todas las culturas del mundo, de las más complejas a las más primitivas, ese elemento es la reacción hacia la muerte. El rito entorno al cuerpo sin vida de un semejante es repetido en todas las partes del mundo y en todas las culturas desde el paleolítico.

La antropología y también la paleontología, presentan los ritos funerarios como un elemento común de lo que entendemos como “cultura” si bien, con rasgos diferenciadores dependiendo del contexto, la época, etc.  En esta afirmación coinciden autores de muy distintas corrientes, como  Frazer, Bachofen, Durkheim, Malinowski… Gran parte de ellos afirman además que son estos ritos funerarios el origen de la religión y no al revés. Es la creencia en un más allá, en una trascendencia del mundo físico la que conduce a la creación de la religión.

Para Frazer, las sociedades más primitivas, consideran que los cuerpos están animados por otros en miniatura en su interior, ése sería el “alma” que va a otro lugar o vuelve a la “naturaleza primigenia” cuando el cuerpo muere.

Para Malinowski, el rito funerario responde al miedo atávico hacia el cadáver, que no representa otra cosa que la propia desaparición, ante ese miedo, surge el rito, que hace que frente a la desaparición, ese cuerpo represente sólo una parte de nosotros, mientras que otra trasciende, va más allá de lo físico, es el alma o los átomos que vuelven a ser otro tipo de materia, para los materialistas.

En todo caso, “darle sentido a la muerte” es para Arsuaga, la forma en que el individuo se vuelve grupo, en la que como colectivo nos consolamos ante la pérdida y el miedo. Los rituales son expresiones simbólicas de ciertos sentimientos, y cumplen una función social específica, son hechos culturales.

Arsuaga define la simbología como “el hablar a través de objetos”. Todo ritual y los objetos que lo acompañan muestran un carácter vinculado necesariamente a la comunidad a la que pertenecen. Así en distintas culturas, los ritos cambian:

Para los egipcios, los vikingos, los griegos, los romanos, la muerte es un viaje hacia el más allá donde el alma de muerto atraviesa un océano, un río, etc. Y parte del rito consiste en dejar en el cuerpo o junto a él el pago de ese viaje. Para los indúes, los celtas o los íberos, los ritos funerarios van vinculados a la cremación y la vuelta a la tierra.

Para las religiones del libro, no hay cremación, sino sepultura, ya que creen en una futura resurrección no sólo espiritual sino física de los muertos. Es algo que comparten con algunas culturas precolombinas como los mexicas o lo indígenas peruanos.

En algunas sociedades primitivas como los indígenas de Norteamérica y los inuits, el cuerpo no sepulta, sino que se acomoda para que lo devoren los buitres o los animales, volviendo así a formar parte del ciclo de la vida.

Hay incluso algunas culturas en las que se practica un cierto canibalismo ritual, es lo que se especula que pasó en la Sima de los Huesos  (Atapuerca) o pasa con algunas tribus, que trituran, por ejemplo, lo huesos y los comen o esnifan, pensando que así, de algún modo, parte de la energía y sabiduría del difunto permanece en sus seres queridos.

En todo caso, estos rituales establecidos en torno a la muerte, cumplen con la función de darnos un cierto consuelo frente a la pérdida.

EL DUELO
Etimológicamente, el concepto de duelo significa dolor y también desafío o combate entre dos. El concepto de duelo implica un proceso complejo que involucra la personalidad total del individuo y abarca, de un modo consciente o inconsciente, todas las funciones del Yo, sus actitudes defensas y en particular las relaciones con los demás.

El duelo surge como reacción ante el sentimiento de perdida, es por eso que experimentamos un duelo ante un divorcio, la pérdida de un trabajo, de un estatus o incluso de un objeto material al que hemos atribuido valor afectivo. No obstante, la forma más común de duelo es la que se experimenta ante la muerte de un ser querido. Desde la prehistoria, ha habido una serie de rituales, de los que hablamos anteriormente, vinculados a la muerte y que han hecho más llevadero el duelo y la asimilación de la pérdida, sirviendo para canalizar no solo el dolor sino la rabia ante la incapacidad de darle sentido a la muerte.

El duelo se inicia inmediatamente después a la muerte de un ser querido y está limitado a un periodo de tiempo que varía de persona a persona. El trabajo de duelo es un proceso psicológico complejo que consiste en deshacer los lazos contraídos y enfrentarse al dolor de la pérdida.

Para la psiquiatra Kubler Ross existen cinco fases que se dan en el proceso de duelo:
.- Negación o incapacidad de asumir la pérdida.
.- Negociación: necesidad de establecer sentido o razones que conduzcan a esa pérdida.
.- Ira: Enfado, resentimiento.
.- Depresión: Es una tristeza profunda, que produce una alteración de la conducta, si bien, dentro del proceso de duelo no se considera de carácter patológico.
.- Aceptación: La asunción de la realidad y  de la pérdida como algo imposible de cambiar.
No todo el mundo atraviesa todas las fases ni lo hace el mismo orden.

Uno de los principales problemas con los que nos encontramos en la sociedad occidental actual es la eliminación de gran parte de los rituales vinculados a la muerte y el duelo, tales como el luto, el velatorio, etcétera. Que ayudaban a las personas con una pérdida cercana a elaborar ese proceso, amparadas en el conjunto de la sociedad.

La exaltación de la juventud como una virtud y no como una parte de la vida, la negación de entender la muerte como un proceso natural, necesario y consustancial al ser humano producen un cierto desamparo a la hora de enfrentarnos al proceso de duelo y de asumir públicamente el dolor, la carencia, la necesidad y la vulnerabilidad aparejadas a dicho proceso, lo que ha ocasionado, en ocasiones, una mala superación del duelo , con lo que algunas personas  quedan ancladas en alguna de las fases y acaban siendo diagnosticadas como víctimas de trastorno adaptativo o depresión por no responder socialmente como se espera que deben hacerlo ante la pérdida. Hemos hecho de la muerte un tabú, no respetando en muchos momentos los tiempos necesarios para su asimilación. Interbenavente

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