Actualizado: 15/11/2018
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Sepulturera, tercera generación

Sepulturera, tercera generación

Vía: Autor : Rafael Vílchez / Ideal.es

La joven Elena Martín Sánchez, de 21 años de edad, ejerce desde hace unas semanas de enterradora en el camposanto de Lanjarón, tal y como lo ha hecho su padre Cayetano (que se encuentra enfermo) y también hace muchos años hizo su abuelo José y después su abuela Carmen, la primera mujer que trabajó de sepulturera en un cementerio de España.

Elena se ha criado en el camposanto de Lanjarón, tal y como le pasó a su progenitor. A los ocho años comenzó a ayudar a su padre porque le encantaba y le sigue gustando el oficio de sus abuelos paternos y su propio padre.

Elena Martín siente el cementerio de Lanjarón como algo suyo. «A mí me encanta trabajar en el cementerio de Lanjarón en todas las tareas y ya he realizado dos entierros. Mi padre Cayetano se encuentra enfermo y el Ayuntamiento de Lanjarón (provincia de Granada) ha visto bien que le sustituya porque soy una experta en tapar y abrir nichos, limpiar, colocar luminarias, barrer el recinto, realizar exhumaciones, atender a la gente, etcétera.

Todas las tardes permanezco en el cementerio para atenderlo lo mejor posible. Algunas noches acudo a encender velas nuevas y las que se apagan con el viento. Yo desconozco el susto. Esta es, digamos, mi segunda casa y la quiero con locura. También, mi madre María José se encarga del tanatorio municipal de Lanjarón desde su puesta en funcionamiento», manifestó.

Elena es una mujer curtida en contemplar el dolor ajeno, con un alto grado de sensibilidad y respeto por un oficio que ha heredado de su familia. Elena, al igual que sus ancestros, mira la muerte de frente y con mucha naturalidad. Intenta pasar desapercibida en un trance por el que nadie quiere pasar y desea que el oficio de sepulturera sea su medio de vida. En este trabajo no vale cualquiera. Elena lleva la profesión en sus venas y sabe escuchar a la gente y transmitirle tranquilidad cuando realiza su trabajo en el cementerio que la ha visto crecer y tanto quiere.

Cayetano, el entrañable y admirable padre de Elena, comenzó a dar sus primeros pasos en el camposanto de su pueblo. De pequeño, mientras sus progenitores cuidaban de las labores propias del cementerio, él se dedicaba a jugar entre los nichos. El camposanto de Lanjarón fue uno de los primeros en contar con electricidad, agua potable y solería a partir de 1970 gracias al alcalde Juan Pérez y a uno de sus concejales Miguel Piñar.

A principios de los 50
José, el padre de Cayetano, nació en Alcázar de Venus y comenzó a ejercer la profesión de enterrador en Lanjarón a principios de los años 50 del pasado siglo gracias a Mariano, el propietario de la fábrica de orujo del pueblo. José tomó la costumbre de llevarse a su hijo Cayetano consigo para que su esposa pudiese realizar las labores de la casa con más soltura. Cuando murió José se hizo cargo de su trabajo su esposa Carmen, nacida en Granada capital.

Cayetano Martín ha trabajado también en la fontanería y el alumbrado público. Le ha encantado siempre estar en su ‘segunda residencia’ para ejercer la profesión de enterrador lo mejor posible y tener siempre a punto el cementerio. Y lo mismo le está pasado a su hija Elena. Lanjarón dispone también de un cementerio privado de las Hermanas de la Caridad, edificado en 1920 gracias a la benefactora Sor Matilde Carrillo.

El abuelo de Elena ejerció la profesión de sepulturero en Lanjarón, a pico y pala, durante 17 años. Cuando él falleció, su hijo Cayetano tenía 6 años.

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