Actualizado: 29/07/2021
InicioCuriosidadesEl cementerio inglés de Lisboa esconde tras sus muros curiosidades, leyendas y paradojas

El cementerio inglés de Lisboa esconde tras sus muros curiosidades, leyendas y paradojas

El cementerio inglés de Lisboa esconde tras sus muros curiosidades, leyendas y paradojas

El tratado firmado 1654 entre un Portugal en proceso de recuperar su independencia y su antigua aliada, Inglaterra, está en el origen de un poco conocido cementerio lisboeta donde descansan retazos de historia que salpican a un puñado de naciones europeas. El cementerio inglés de Lisboa, junto a la Basílica y el famoso jardín de Estrela, esconde tras sus muros curiosidades, leyendas y paradojas, como que la primera persona enterrada en ese lugar fue o un refugiado francés, el hugonote Francis La Roche, en 1724.

En el Tratado rubricado en Westminster el 10 de julio de 1654 entre Oliver Cromwell y el representante del rey Juan IV, Portugal prometía respetar en sus fronteras la religión de la comunidad británica, numerosa por la tradicional relación comercial y marinera entre ambos países.

Gracias a la coletilla “y que se habilite un lugar para enterrar a sus muertos” en ese acuerdo, a partir del siglo XVIII los protestantes de Lisboa -no solo ingleses- pudieron evitar tener que arrojar los cadáveres de sus familiares al mar o al Tajo debido a la prohibición católica de admitir “herejes” en sus cementerios, explicó Andrew Swinnerton, administrador del terreno.

La tranquilidad, la vegetación exhuberante y la belleza de algunos de los monumentos funerarios de este espacio, que cuenta también con una capilla con servicios anglicanos, esconden la realidad de sus primeras décadas de funcionamiento. Y es que muchos de los enterrados eran marineros pobres, de origen especialmente inglés pero también holandés, que no cuentan con placa ni lápida alguna en su recuerdo y que en muchos casos ni siquiera constan en los registros existentes.

Entre los muertos del siglo XVIII que sí contaron con honores y grandes monumentos destaca el dramaturgo y novelista satírico inglés Henry Fielding, que murió durante un viaje a Portugal en 1754 en el que buscaba un cambio de aires que mejorara su deteriorada salud.

Una época de especial actividad del cementerio fue la de los enfrentamientos con las tropas napoleónicas, en torno a 1800, ya que los ingleses enviaron efectivos militares para ayudar a Portugal. El muerto más célebre de ese periodo es el militar y príncipe alemán Christian August de Waldeck, cuya destreza aconsejando al ejército luso llevó a la corona portuguesa a erigir como monumento funerario en su honor una enorme pirámide de mármol.

Pese a la mezcla de nacionalidades en las tumbas, Swinnerton recuerda que el cementerio es propiedad de la Corona inglesa y que indirectamente el gobierno británico es aún responsable del lugar, aunque no se mantiene con financiación procedente de Reino Unido. Prácticamente el único día del año en que rompe su tranquilidad y reúne a un número importante de miembros de la comunidad británica en Lisboa es en noviembre, el domingo más cercano al día 11.

Ese día se celebra en Reino Unido el “Remembrance Sunday” o “Domingo de Recuerdo” de las bajas nacionales de las guerras mundiales, al que el cementerio de Lisboa se suma con una misa. El cementerio abre solo 3 horas al día. Los lunes, miércoles y viernes, sus guardianes son los jardineros que cuidan de la vegetación. Y los martes y jueves, voluntarios como Carlos Pires.

Pires recibe y charla con los visitantes los martes, igual que hizo su madre Adelina a diario durante más de setenta años. A sus 97, Adelina, esposa de un sacristán anglicano, fue condecorada por la reina Isabel II por su dedicación cuidando el cementerio y sin remuneración en algunas temporadas, y por sus conocimientos históricos de la comunidad británica en Portugal. Recibió la Orden del Imperio británico en 2006, cuatro años antes de su muerte, tras la que descansa a la sombra de una de las paredes del otro gran jardín de Estrela.

Compartir:
Valorar este artículo