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Actualizado: 20/05/2024
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La robótica colaborativa llega a Marco Taller

La robótica colaborativa llega a Marco Taller

La robótica colaborativa llega a Marco Taller

En Marco Taller (MTC), este mes de mayo del año 2024 lo recordarán siempre. Se ha producido uno de los hitos que contarán, seguramente, con un epígrafe especial en la trayectoria y en la memoria colectiva de esta empresa familiar, que cuenta con 11 trabajadores. Ha llegado un nuevo colaborador muy especial. La empresa zaragozana, fabricante de maquinaria especializada para cementerios, acaba de incorporar a su centro de producción un robot colaborativo (cobot).

Los robots colaborativos interactúan y comparten espacio con los humanos con el objetivo de mejorar el proceso productivo. Se trata del modelo SynerBot 4000 ADV CR– UR5 CBSERIES. En Marco Taller, este nuevo elemento ha sorprendido muy gratamente a todos.

¿Y POR QUÉ NO UN ROBOT?
Luis Mariano Marco, director gerente de la empresa ubicada en Villanueva de Gállego, en el entorno de Zaragoza, lo llevaba rumiando hace tiempo en la cabeza. Quería liberar a la plantilla de parte de un trabajo repetitivo y al mismo tiempo exigente. Estaba convencido de que aliviar esa carga podía traducirse al final en un aumento de la producción. Pero todo esto tenía que implementarse sin prescindir de la calidad de los modelos que fabrican y respetando los estándares de seguridad.

Hay que tener en cuenta que soldar meticulosamente las piezas que dan forma, consistencia y versatilidad a los exclusivos portaféretros para cementerios que diseña la plantilla de MTC exige altas dosis de concentración y mucha destreza. “Es un trabajo duro y no es sencillo. Cada día tenemos que soldar muchas piezas que, al mismo tiempo, forman mecanismos precisos y diferentes, ya que tratamos de adaptar nuestros modelos. Pensamos que con todo lo que han evolucionado la tecnología y los centros de trabajo podríamos incorporar algo que pudiera desempeñar distintas tareas y sin desgaste físico y emocional”, explica Marco.

Con este objetivo y con estos condicionantes, había que buscar algo diferente, quizá un elemento robotizado que colaborara con los empleados, que encajara y los hiciera mejores. “Después de darle unas cuantas vueltas, nos decidimos por un robot colaborativo. Pensamos que era el momento adecuado y que podría merecer la pena la inversión, aunque fuera algo totalmente nuevo para nosotros”.

LAS DUDAS SE DISIPAN
Como en la vida, una cosa es lo que piensa y planificas y otra es el momento de hacerlo y los resultados cuando se pone en marcha. Y la adaptación a los cambios en cualquier equipo siempre es costosa, en todos los sentidos. Llega el robot a la empresa y hay que montarlo, ponerlo en marcha, programarlo… y adaptarse a él. Había llegado la hora de la ‘realidad’.

Mario Tarrero lleva más de 10 años en Marco Taller y lo cuenta con toda la franqueza: “Sinceramente, al principio nos parecía bastante complicado. No las tenía todas conmigo. Sin embargo, fuimos probando y tanteando, y poco a poco le fuimos cogiendo la marcha”. En apenas unas semanas, el robot empezaba a funcionar y el panorama se aclaraba bastante.

Por mucho que la sociedad se vaya acostumbrando a las nuevas tecnologías, un robot significa un cambio de paradigma, es una nueva revolución. Sobre todo, para una empresa pequeña que ha evolucionado sí, pero que ha crecido en un entorno industrial tradicional como el del Metal.

Otro de los empleados de Marco Taller, Juan Yébenes, también compartía ese vértigo que provocan los cambios importantes, pero los hechos le han modificado totalmente la perspectiva. Coge una pieza la observa y no tiene duda: “Es que es evidente que la calidad de los cordones de soldadura y la velocidad de trabajo es sorprendente. No se le puede pedir más. Puede parecer contrario a lo que ha sido la dinámica del trabajo hasta ahora, pero es que es innegable que suelda mejor que nosotros y más rápido”, asegura.

Las dudas que existían se han ido disipado gratamente. Y que el robot funcione tan bien, tampoco inquieta a los trabajadores. “Es capaz de adelantar el trabajo, pero nosotros tenemos que estar siempre pendientes. Autónomamente nunca va a hacer el trabajo, tú tienes que programarlo y preparar el utillaje e ir colocando las piezas. Por eso es una colaboración perfecta”, añade Yébenes.

TODO TIPO DE SOLDADURAS Y A TODA VELOCIDAD
¿Hasta qué punto mejoran el trabajo este tipo de robots colaborativos? Mario Tarrero confirma lo que cuenta su compañero. “Únicamente hay que tener claro lo que quieres hacer, programarlo bien y darte un tiempo para preparar el utillaje de forma precisa para colocar las piezas y que encajen los puntos de soldadura. A partir de ahí, suelda a una velocidad increíble. Puede hacer lo que tú quieras y muy rápido”, explica con entusiasmo.

La cantidad de piezas que el robot puede soldar en una pasada depende de su tamaño. Otra de las cosas que ha sorprendido es la amplitud que alcanza el brazo de estos robots. Pueden colocarse hasta ocho piezas en la mesa: anclajes, niveladores, protecciones… La máquina las suelda ‘de tirón’.

“Es capaz de soldar muchas piezas de distintas maneras. Y ya no es tanto la velocidad a la que suelda, que también, es que hace perfectos los cordones, sin apenas proyecciones, las partículas que salen despedidas y se pegan a la soldadura. Quedan tan limpias que por tanto ya no tienes que invertir tiempo después repasando y puliendo las piezas”, añade Juan Yébenes.

Después del cambio y del periodo de adaptación, el que se atreve a poner cifras a todo esto es el responsable de la empresa, Luis Marco: “Yo calculo que cuando estos robots colaborativos funcionen a pleno rendimiento y nos adaptemos todos, pueden llegar a reducir el trabajo en el taller hasta un 75 por ciento. Y eso significa que podremos mejorar y fabricar a precios más competitivos”.

De momento, este nuevo ‘colaborador’ ha sido muy bien acogido entre la plantilla. No se sabe hasta qué punto es verdad ya que los trabajadores lo comentan en tono jocoso: “le estamos cogiendo cariño”. Parece que hubo alguien que propuso incluso ponerle el nombre de un viejo compañero. Al final, decidieron que no, que por supuesto las personas son únicas e irrepetibles, y los robots acaban de llegar. “Eso sí, los robots no protestan”, dicen entre risas en Marco Taller.

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