Actualizado: 14/10/2019
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Un millar de restos humanos de 3.000 años, puntas de flecha de sílex y cerámicas hallados en una excavación

Un millar de restos humanos de 3.000 años, puntas de flecha de sílex y cerámicas hallados en una excavación

Vía: ACN

La excavación que se ha hecho en el Roc de les Orenetes de Queralbs, en la comarca del Ripollès (Girona) ha dejado al descubierto un millar de restos humanos y otras piezas como puntas de flecha de sílex y cerámicas en un estado de conservación “excepcional”.

Un equipo del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) ha trabajado más de tres semanas. Entre las novedades, han aparecido unos restos de carbones que acompañan los despojos que indicarían un ritual funerario previo al entierro.

La elevada concentración de restos (la excavación se ha centrado en una cata arqueológica de unos 3 metros cuadrados) confirma la “gran magnitud” de este osario de la edad de Bronce hace unos 3.000 años que continuará investigando- en los próximos años. La cueva se ha reabierto 40 años después de que un joven Eudald Carbonell hay descubre una necrópolis prehistórica. Hoy se volverá a tapar la entrada con una valla metálica.

“Es una alfombra de huesos donde los restos humanos están mezcladas unas con otras sin conexión y en un estado de conservación excepcional”. Son palabras de Carlos Tornero, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector de la prospección en el Roc de les Orenetes de Queralbs (Ripollès) junto con Eudald Carbonell. Cuando este último hizo la intervención de urgencia en la zona en 1973 se centró sólo en los restos que aparecían en superficie. Y ya entonces se descubrió que se trataba de una necrópolis prehistórica de más de 3.000 años de antigüedad con más de un centenar de individuos enterrados.

Lo que se ha hecho ahora, en cambio, ha sido un sondeo de unos tres metros cuadrados y además de un metro de profundidad del nivel del suelo para comprobar el potencial de sedimentación de esta cueva que hace unos 25 m2. Y los resultados han sorprendido a los propios investigadores: “Estamos ante un depósito funerario de mucha magnitud y significativo para su localización, concentración y estado de preservación”, destaca Tornero.

La cueva se encuentra a unos 2.000 metros de altitud. Aparte de ser de difícil acceso, en el interior también tiene un techo muy bajo que obliga a entrar estirado para luego encontrarse con un espacio más amplio. A ambos lados del espacio que se ha excavado también se ven restos osas en superficie que deberán ser investigadas en próximas campañas.

Los arqueólogos han extraído un millar de restos humanos (huesos de diferentes individuos y edades de partes del cuerpo tales como mandíbulas, vértebras, dientes o tibias), piezas de cerámica y tres puntas de flecha de sílex.

Una de las novedades de este año es que han aparecido restos de carbones junto con los despojos. Según Tornero, “esto nos habla de un ritual funerario donde se hacía una cremación parcial de los cuerpos, un hecho que les permitiría dilatar el momento de llevar los restos a la cavidad”. Y es que la cueva era inaccesible en invierno por la nieve y las bajas temperaturas. Así, con la cremación parcial, los restos podían preservarse a la espera de poderlas transportar y enterrar hasta el Roc de las Golondrinas.

Gracias a las últimas tecnologías, se podrá extraer mucha información de los restos como posibles parentescos de los individuos enterrados, enfermedades, nutrición o procedencia, una información que a día de hoy se desconoce.

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