Actualizado: 17/10/2018
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Los cementerios que aún están fuera de ordenación también dejan fuera a los curas

Los cementerios que aún están fuera de ordenación también dejan fuera a los curas

Vía: S.G. Rial / La Voz de Galicia

El cementerio de la parroquia de Mira, en Zas, (provincia de La Coruña) lleva casi 30 años construido, pero su situación actual es casi como si se estuviese empezando a edificar. Hay todavía mucho papeleo por delante, pero la principal consecuencia se va a ver en los entierros: el cura no podrá decir las últimas palabras junto a los nichos nuevos (ya no lo son estrictamente, pero para diferenciarlos de los otros), sino unos metros antes, donde todo está en regla. Y desde ahí, son los familiares del difunto (o los empleados de la funeraria, más bien) los que se encargan del traslado hasta el nicho.

Así lo marcan las directrices del Arzobispado de Santiago (de todos los arzobispados, y además se plasma en sus boletines oficiales) y así ha ocurrido en muchas obras en la comarca en los últimos años, desde una ampliación en Moraime, hasta el de Muíño (ya regularizado) o el de Baio (también).

Hasta que ocurrió, el procedimiento era siempre el mismo. En Tines sigue ocurriendo. Y pese a que ha pasado muchas veces, sigue siendo algo sorprendente. En la comarca, la inmensa mayoría de los cementerios, en torno a 200, están regularizados por completo, tanto los parroquiales (obviamente) como los realizados por impulso municipal.

En Mira la situación es compleja, y se reactivó recientemente con una asamblea vecinal en la que el Concello informó sobre cómo está el proceso. Ayer, desde el gobierno local explicaron que los trámites avanzan correctamente.

Todo empezó en 1990, cuando se iniciaron las obras de ampliación. El terreno empleado fue una masa común y se cedió en precario. Después pasó al Banco de Terras, y recientemente todas esa parcelas se han integrado en el patrimonio municipal.

Pero entretanto los nichos se fueron haciendo, al igual que los entierros. No había licencias, ni papeles, solo los contratos con los vecinos de los que realizaban la obra y una asociación encargada del día a día. Esa escasa documentación sirvió para acreditar ante notario la propiedad, pero un cementerio legalizado necesita mucho más que esos títulos particulares (sanidad, distancias, patrimonio…). Ahora, como la superficie es municipal, este es el verdadero propietario, con independencia de lo que pueda pasar más adelante. En la asamblea se analizó la posibilidad de que sea el Concello de Zas el que ceda a la entidad, o que sea la propia Administración pública la que se haga cargo, con lo que los vecinos no pagarían nada. Y en esto último se quedó. Afectará a su funcionamiento normal, porque, por ejemplo, ahora la parroquia, al no ser suyo, no se encargará de la limpieza. Pero lo que más llamará la atención, por una cuestión más de impacto visual o incluso de costumbres muy arraigadas, es que el párroco no esté junto al difundo en el momento final del entierro. Al menos, hasta que todo esté en orden. Es cierto que en casos similares sí ha habido esos acompañamientos finales, pero si va por el libro y por las normas de sus superiores, el sacerdote no puede hacerlo.

En el caso de Baio, la legalización afectaba al camposanto en su conjunto, aunque venía derivada de la ampliación de 150 panteones que había comenzado a finales de los años 90. La falta de legalización impedía que a la parte nueva se acercasen los sacerdotes para los entierros, pero cuando ya estaba todo encauzado sí lo hacían, a sabiendas de que era cuestión de poco tiempo que todo estuviese listo. Además del de Tines, otro caso similar se mantiene en uno de los cuatro cementerios que tiene la parroquia muxiana de Moraime. Parecen muchos, y lo son (ninguna otra de la Costa da Morte tiene tantos), pero en su día poco le faltó para tener el quinto.  (La Voz de Galicia)

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