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Actualizado: 05/10/2022
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Santa Teresa de Jesús expresa en el poema ‘Vivo sin vivir en mí’, sus emociones sobre la vida y la muerte

Santa Teresa de Jesús expresar en el poema 'Vivo sin vivir en mí' sus emociones sobre la vida y la muerte

Santa Teresa de Jesús expresa en el poema ‘Vivo sin vivir en mí’, sus emociones sobre la vida y la muerte

Vía: R.D.F.

Resultar paradójico que nos cueste tanto aceptar la única realidad incontestable: ¡la muerte!. Que todos vamos a morir es una verdad absoluta. Nadie escapa a ese destino y, aun así, pasamos buena parte de la vida tratando de ignorarlo o de evadirlo.

Os presento un poema que habla sobre las emociones de la vida y la muerte. Santa Teresa de Jesús, autora del poema ‘Vivo sin vivir en mí’, nació en Ávila en el año 1515 y murió en Salamanca en 1582. Ella, junto a Fernando de Herrera o Fray Luis de León, perteneció al grupo de poetas que surgió en el segundo Renacimiento.

Con diecinueve años ingresó en un convento de carmelitas, y siempre destacó por ser y muy inteligente. Escribió muchas obras literarias de cariz religioso y místico que fueron y son todavía los poemas místicos más relevantes en lengua castellana.

Vivo sin vivir en mí es un poema que consta de cinco estrofas de las cuales la primera tiene tres versos y las demás siete. Forman un total de treinta y un versos octosílabos que presentan la forma de estribillo y mudanza propia de un Villancico.

Esta unión perfecta sólo puede alcanzarse por medio de la muerte. Santa Teresa de Jesús trata de expresar su deseo de morir para volver a estar junto a Dios. La autora enumera sus emociones sobre la vida y la muerte.

‘VIVO SIN VIVIR EN MÍ’

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

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