Actualizado: 16/09/2019
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Una iglesia con cementerio en Santa Cruz de Tenerife

Una iglesia con cementerio en Santa Cruz de Tenerife

Vía: Autor: Orlando González / El Día

Hasta que en 1810 la ley prohibió en Santa Cruz de Tenerife, con motivo de una nueva epidemia de fiebre amarilla, los enterramientos en iglesias y conventos, lo habitual era que los fallecidos recibieran sepultura en estos espacios religiosos.

Por eso, hoy se cuentan aún por miles los restos de personas que permanecen enterradas en estos lugares. La iglesia de La Concepción, parroquia matriz de la capital, es uno de ellos. De hecho, según explica José Arturo Navarro Riaño, mayordomo de la Virgen del Carmen, toda esta iglesia fue, en su momento, un cementerio.

Bajo el suelo de la parroquia no solo yacen personas anónimas, sino que también se esconden restos de personas ilustres como Teobaldo Power y Lugo-Viña o el célebre general Antonio Gutiérrez.

El del reconocido compositor tinerfeño, profesor del Conservatorio Nacional y organista de la Capilla Real de Madrid, por ejemplo, es un caso curioso. Al contrario que el resto de personas, sus restos no están en el suelo, sino que están depositados en un nicho en una de las paredes laterales de la capilla de Santiago.

Allí fueron colocados el 26 de mayo de 1923, casi cuarenta años después de su fallecimiento, que se produjo en Madrid el 16 de mayo de 1884. Nacido en 1848 en Santa Cruz de Tenerife, Teobaldo Power es el autor de los célebres Cantos canarios.

Junto a él descansa, también en la capilla de Santiago Apóstol, otro de los difuntos más ilustres de Santa Cruz: el general Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana. La victoria frente a las tropas del contraalmirante inglés Horacio Nelson, batalla que dirigió Gutiérrez, le hicieron para siempre un hueco en la historia de la ciudad. El general Gutiérrez, que nació en Aranda de Duero (Burgos) en 1729, falleció el 14 de mayo de 1799.

Otro militar, tal vez menos conocido, reposa también bajo el suelo de La Concepción. Se trata del teniente general de los Reales Ejércitos, Antonio de Benavides. Nacido en La Matanza de Acentejo, salvó la vida al rey Felipe V en la batalla de Villaviciosa y desde entonces el rey le apellidaba con el título de Padre.

Su tumba está ubicada en la entrada principal de la parroquia, donde quiso ser enterrado como sentido de piedad y sumisión. “Quería que la gente le pasara por encima”, asegura Navarro Riaño.

También tiene su sepulcro en La Concepción, en el presbiterio, junto a la epístola, aunque no consta el sitio exacto, el comandante general de Canarias Francisco José de Emparán. Murió el 22 de diciembre de 1740 con una discapacidad severa.

Junto al presbiterio descansan del mismo modo los restos del religioso Felipe Bermú, obispo de Canarias que fijó su residencia en Santa Cruz desde octubre de 1726 y que murió el 23 de marzo de 1730, según cuenta Navarro Riaño, mientras desayunaba con chocolate. Junto a su tumba hay otras como la de José Tolosa y Benítez de Lugo y Grimaldi o la de Gaspar Domínguez y familia, todos enterrados en el siglo XVIII. “En el esplendor de Santa Cruz”, recalca el experto. En esta parte de la iglesia existe también una cripta subterránea en la que están enterrados hermanos del Santísimo.

Padre Luis María de Eguiraun
En la capilla de Los Remedios, antigua de Nuestra Señora de la O, descasan, igualmente, los restos del padre Luis María de Eguiraun Corcuera, hijo adoptivo de la ciudad.

Eguiraun Corcuera nació en la provincia de Vizcaya el 2 de julio del año 1900. Religioso jesuita, fue el beneficiado párroco de la iglesia de Nuestra Señora de La Concepción desde el año 1934 a 1985.

También hay otra tumba en el antepresbiterio. Allí reposan los restos de Francisco Casalón, que fue cónsul de Francia en las Islas, y sus herederos. Falleció el 13 de diciembre de 1750.

Algo más oculto está también el sepulcro de Los Carta, en la capilla homónima, en el que están depositados los restos de Matías Rodríguez Carta y familia.

Y frente a la capilla de Nuestra Señora del Carmen están enterrados los reconocidos hermanos Logman, Ignacio y Rodrigo, dos religiosos flamencos que dejaron una profunda huella en la capital, además de su madre.

Mientras, oculto bajo la capilla de San Pedro se halla el osario de la iglesia, además de una docena de nichos en los que se enterraba a los sacerdotes de la parroquia. A esta zona se accede a través de una trampilla con escalera.

Como curiosidad, comenta José Arturo Navarro Riaño, en La Concepción fue enterrado el obispo de Canarias Bartolomé García Jiménez, que murió el 14 de mayo de 1690, pero que en septiembre del año siguiente fue trasladado a Candelaria.

El Día

 

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