Actualizado: 13/12/2017
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¿Pueden llegar a ser sexies los monumentos funerarios?

¿Pueden llegar a ser sexies los monumentos funerarios?

Vía: Juan Manuel Bellvert

Para André Chabot, sí. Por eso este fotógrafo parisino de 71 años ha dedicado buena parte de su carrera a recorrer los cementerios cristianos de medio mundo, en pos de las más excitantes tumbas, esculturas fúnebres, mausoleos, panteones, catacumbas o cenotafios.

Pero no le confundan con un fetichista o un necrófilo. Su devoción por estos lugares de eterno reposo queda muy lejos del morbo suscitado por las películas de terror de serie Z o del porno gótico-escabroso generalmente risible. Al contrario, en su colección de más de 175.000 imágenes en blanco y negro, realizadas durante más de 30 años, hay un trabajo de búsqueda y de estudio estético hecho con el rigor de un documentalista y la sensibilidad de un artista.

Un trabajo que tiene algo de respetuoso y de sereno en la forma en que el retratista transmite su devoción por estas figuras de mármol tan frías y, a la vez, tan llenas de vida. Y que denota, a su vez, una innegable vocación de voyeur, que gusta descubrir la pasión de una viuda temblorosa y semi-desnuda, aferrada a una lápida, tanto como la gracia de un ángel-efebo que sobrevuela melancólicamente un altar o una cruz.

Esas estatuas sin rostro pero con un cuerpo que se debate, desgarrado por el dolor, entre la negación y la aceptación de la tragedia, le sirven al autor para investigar la relación del ser humano con la muerte omnipresente, al tiempo que explora los cementerios de ciudades y pueblos, del norte y del sur, de oriente y occidente.

“¿Por qué en ellos hay tantas esculturas sensuales?”, cuenta que se preguntó un día. Tras años de busca, llegó a la siguiente conclusión: “En las ciudades de los muertos, la belleza del alma pasa por la belleza carnal y la belleza carnal responde siempre a los fantasmas del ser humano”.

Gran teórico del tema, Chabot es fundador de la asociación cultural Memoria Necropolitana, además de creador de peculiares miniaturas mortuorias –los ‘phantasmobjet’-, en los que dice volcar toda su angustia frente a la muerte, así como diseñador de urnas y monumentos en el legendario cementerio parisino del Père Lachaise. Pero es con la cámara como mejor expresa su obsesión por la iconografía fúnebre más apasionada y por ese amor visceral y lúbrico que se resiste a asumir lo inevitable del tránsito.

Entre el tormento y el éxtasis

“Sus fotos evocan la palpitación y las lágrimas transformadas en deseo, ofreciendo a nuestra mirada una eternidad de escalofríos y de adioses afligidos”, ha escrito sobre él el diario Libération.

Más que una figura insólita de la foto documental, le gusta definirse como “un paseante necropolitano, que disfruta desentrañando los sueños depositados en cada monumento funerario y siempre ha dudado que todas estas emotivas plañideras estén realmente inanimadas”.

Devoto de los símbolos y la metafísica, André Chabot ha puesto su extenso archivo de imágenes a disposición de la editorial libertina La Musardine para publicar un libro titulado explícitamente ‘Érotique des cimetières’ (‘La erótica de los cementerios’) que recoge, en 225 páginas, 400 fotografías de esculturas funerarias, entre el tormento y el éxtasis, que no dejarán al lector indiferente.

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