Cómo queremos que nos despidan, qué importancia damos al trato humano o cuánto estamos dispuestos a pagar por un funeral son cuestiones sobre las que los españoles tienen opiniones cada vez más definidas. Dos nuevos estudios del Observatorio de los Servicios Funerarios (OSF), presentados con motivo de Todos los Santos, ofrecen una radiografía de estas preferencias y de la importancia económica y social de un sector que acompaña a las familias en algunos de sus momentos más difíciles.
Uno de los datos más destacados del III Estudio OSF – Sigma Dos 2026 es la preferencia por la incineración. El 58,9 % de los encuestados elegiría esta opción para su propia despedida, frente al 18,8 % que preferiría el entierro. En cuanto a las ceremonias, las diferencias son mínimas: el 38,6 % optaría por una celebración civil y el 37,8 % por una religiosa.
Más allá del tipo de funeral, existe un interés por las despedidas personales. El 72,7 % desea ceremonias que tengan en cuenta la vida del fallecido, mientras que el 80,7 % considera importante dejar instrucciones anticipadas sobre sus propias decisiones funerarias.
El componente humano continúa siendo fundamental. El 62,5 % señala el trato personal como el aspecto más importante al elegir un servicio funerario. Además, el 76,1 % tiene una imagen buena o muy buena de las empresas y sus profesionales, y el 82,7 % considera que estos servicios son esenciales para la sociedad.
Sin embargo, existe una cuestión que despierta un amplio desacuerdo: los impuestos. El 83,7 % considera injusto el IVA del 21 % aplicado a los servicios funerarios, uno de los porcentajes más contundentes de la encuesta.
Por otra parte, el Informe de Impacto Social y Económico del Sector Funerario en España, elaborado con la Universidad de Salamanca y Sigma Dos, cifra en 4.108 millones de euros el impacto económico total de esta actividad, incluyendo sus efectos directos, indirectos, inducidos y vinculados al conocimiento.
El informe también contabiliza 13.234 personas trabajadoras y señala que más de la mitad de las empresas del sector han realizado inversiones en activos o instalaciones.
Los resultados dibujan así una doble realidad: una actividad económica que genera empleo y riqueza y, al mismo tiempo, un servicio cuya valoración depende especialmente de algo difícil de expresar en cifras: la capacidad de acompañar a las personas cuando más lo necesitan.



