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Vecinos del Cementerio de la Almudena exigen más seguridad ante una ola de robos

Vecinos del Cementerio de la Almudena exigen más seguridad ante una ola de robos

En los últimos años, los habitantes de los alrededores del Cementerio de la Almudena en Madrid han visto cómo este lugar de descanso eterno se ha transformado en un escenario de robos constantes. Los objetos que las familias colocan con amor sobre las tumbas, como crucifijos, vírgenes y macetas, han desaparecido a un ritmo alarmante. Este fenómeno no solo afecta a los objetos materiales, sino que también hiere el corazón de quienes buscan consuelo en la memoria de sus seres queridos.

Gregorio, un residente local que visita frecuentemente el cementerio, describe la situación como insostenible. Ha contado hasta 60 crucifijos robados solo en una pequeña sección del camposanto. «Es que allí hay mucho más», lamenta. La situación ha empeorado en los últimos dos años y, a menudo, los objetos robados se encuentran escondidos entre las sepulturas, como si fueran tesoros ocultos.

Para Paz, quien visita la tumba de su hijo diariamente, la pérdida de estos objetos tiene un peso emocional profundo. Las plantas y adornos que coloca con dedicación son sustraídos casi tan pronto como los deja. «Vienen y me quitan los pajaritos, se llevan una maceta entera», cuenta, expresando la frustración de ver cómo su esfuerzo por mantener viva la memoria de su hijo se ve truncado.

Los vecinos denuncian una falta de vigilancia efectiva en el enorme recinto de la Almudena, uno de los cementerios más grandes de Europa. Un vigilante confesó a una vecina que solo disponen de dos coches para patrullar todo el cementerio, lo que hace imposible cubrir todas las áreas. Con más de tres millones de personas enterradas allí, los familiares sienten que el lugar está desatendido y piden al Ayuntamiento que tome medidas.

La dimensión de los robos ha llevado a algunos a sospechar que los objetos robados se venden, especialmente a chatarreros. Una vecina recuerda cómo una figura religiosa de gran valor sentimental desapareció de la tumba de su hermano. «Los que tienen la culpa son los chatarreros por comprarlo», afirma.

La comunidad está unida en su exigencia de mayor seguridad. No solo se trata de proteger objetos materiales, sino de honrar el respeto y la memoria de los que ya no están. Los vecinos esperan que las autoridades respondan a sus peticiones, garantizando la tranquilidad de un lugar que debería ser sagrado y seguro.

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