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Un último adiós: mascotas se despiden de sus dueños en Puerto Real

Un último adiós: mascotas se despiden de sus dueños en Puerto Real

La muerte siempre deja un vacío, un espacio que antes estaba lleno de risas, conversaciones y compañía. Para las mascotas, la ausencia de su humano puede ser aún más desconcertante. En Puerto Real, un lugar ha decidido abrir sus puertas para que estos compañeros fieles puedan despedirse por última vez de quienes han sido parte central de su vida.

El tanatorio de Puerto Real ha implementado el Protocolo Haru, una iniciativa que permite que las mascotas accedan a las instalaciones funerarias de manera controlada. Desde 2025, perros y gatos han tenido la oportunidad de decir adiós a sus dueños, acompañados de un responsable y bajo la supervisión del personal del tanatorio. Esta medida busca mitigar el impacto emocional que la desaparición repentina de un ser querido puede tener en los animales.

Las despedidas se llevan a cabo en un entorno tranquilo y privado. El animal entra por una zona reservada y dispone de unos minutos para reconocer y olfatear a la persona que ha perdido. «Se le permite durante unos diez minutos como máximo que el animal huela al propietario o la propietaria», explica José Luis Ferrer, responsable del protocolo. Este breve encuentro no pretende humanizar las reacciones de las mascotas, sino ofrecerles un momento de reconocimiento que pueda ayudarles a enfrentar la ausencia.

El caso de Canelo, el perro que esperó durante años a su dueño frente al hospital de Puerto Real, es un ejemplo conmovedor de la fidelidad y el amor incondicional de los animales. El Protocolo Haru intenta evitar situaciones similares, brindando a las mascotas la oportunidad de entender, a su manera, que su humano no volverá. Esto no solo ayuda a las mascotas, sino también a las familias, que encuentran consuelo al compartir este último adiós con sus animales.

La ciencia ha demostrado que los animales también experimentan cambios en su comportamiento tras la pérdida de un compañero. Estudios han observado modificaciones en el estado de ánimo, el sueño y la alimentación de los perros en duelo. Aunque no viven el duelo exactamente como los humanos, el olfato les ofrece una forma de reconocer y procesar la muerte.

El acceso de las mascotas al tanatorio está sujeto a condiciones específicas para garantizar el respeto y la tranquilidad de todos los presentes. La medida ha sido bien recibida y ha dejado experiencias emotivas, donde el dolor de la pérdida se entrelaza con el alivio de poder compartir ese momento con un ser querido no humano.

Puerto Real ha dado un paso significativo al permitir que el amor entre humanos y mascotas se extienda más allá de la vida. El Protocolo Haru es un ejemplo de cómo la empatía y el entendimiento pueden transformar momentos de dolor en experiencias de conexión y despedida. Este gesto no solo honra la relación entre humanos y animales, sino que también redefine lo que significa decir adiós en un mundo donde las mascotas son parte integral de nuestras familias.

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