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Un viaje al pasado: descubren una necrópolis que une Etruria con la Roma imperial

Un viaje al pasado: descubren una necrópolis que une Etruria con la Roma imperial

En las profundidades de la Tuscia meridional, entre las ciudades italianas de Viterbo y Vitorchiano, un hallazgo arqueológico ha abierto una ventana al pasado que conecta la civilización etrusca con la Roma imperial. En Casalaccio, a casi cinco metros bajo tierra, se ha descubierto una necrópolis que estuvo en uso durante siglos, revelando costumbres funerarias que se transformaron a lo largo del tiempo.

Durante las campañas arqueológicas de 2024 y 2025, los investigadores desenterraron 25 tumbas distribuidas en 7 cámaras funerarias y 18 fosas excavadas directamente en el terreno. Este cementerio, ubicado en el antiguo territorio de Ferento, ha sido cuidadosamente preservado, cubierto nuevamente con tierra para asegurar su conservación.

Entre las tumbas, destaca la monumental tumba 4, una estructura a la que se accede por un corredor de 16 escalones. Esta cámara, situada a 4,80 metros de profundidad, muestra cómo solían reutilizarse estos espacios a lo largo del tiempo. Los restos de al menos 12 individuos y tres nichos para sarcófagos, ahora desaparecidos, se encontraron en su interior. Cerca de allí, la tumba 3 presenta dos sarcófagos de peperino, una roca volcánica común en la región, junto con restos de inhumaciones.

Este yacimiento, que data desde el siglo V a. C. hasta el II d. C., ofrece una continuidad de uso extraordinaria. Los objetos recuperados, desde espejos de aleación de plata hasta pendientes de oro, revelan detalles sobre la vida cotidiana y las creencias simbólicas de sus habitantes. Estos ajuares, junto con las prácticas funerarias que evolucionaron de la incineración a la inhumación, reflejan un espacio dinámico utilizado por generaciones.

Un elemento intrigante del descubrimiento fue el cráneo fosilizado de un uro, un bóvido salvaje extinto. Su relación con las tumbas es aún incierta, y aunque podría haber sido parte de un ritual o una ofrenda, lo más probable es que se trasladara accidentalmente durante la construcción de la necrópolis.

Casalaccio no solo es un hallazgo arqueológico, sino una pieza esencial para comprender el mosaico funerario de Tuscia. Las observaciones de las arqueólogas Beatrice Casocavallo y Chiara Giatti sugieren una posible vía de acceso antigua a la necrópolis, aunque esta hipótesis aún necesita confirmación.

Este descubrimiento destaca la importancia histórica de Ferento, un lugar donde la muerte no se veía como un final, sino como un proceso continuo que acompaña la evolución cultural de una región que, durante seiscientos años, fue testigo de la transición de Etruria al mundo romano.

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