Patricia Serrano ha dado un paso valiente en su carrera profesional, convirtiéndose en la primera mujer sepulturera de Vélez-Málaga. A sus 34 años, Patricia no buscaba romper barreras ni hacer historia, solo ansiaba un empleo estable y al aire libre, que se ajustara a su experiencia pasada en una floristería. Sin embargo, su elección ha resonado en la comunidad, desafiando los estigmas asociados a esta profesión.
La transición de Patricia desde Madrid a Málaga fue impulsada por circunstancias personales y profesionales. Tras el cierre de su negocio de floristería en Madrid, devastado por los temporales de la DANA, se mudó a Málaga, donde su hermana había residido durante años. Decidida a encontrar un nuevo camino, comenzó a prepararse para oposiciones, alentada por su pareja, un bombero del Consorcio Provincial de Málaga.
La plaza que encontró en el cementerio de Vélez-Málaga le ofrecía lo que buscaba: un trabajo al aire libre, relacionado con el mantenimiento de espacios verdes. Su experiencia previa con clientes en duelo, a través de encargos de flores y coronas funerarias, le había enseñado a tratar con sensibilidad a quienes atraviesan momentos difíciles. Aunque ahora sus tareas incluyen inhumaciones y exhumaciones, considera que el respeto y la empatía son fundamentales en cualquier interacción.
Patricia ha descubierto que el entorno laboral del cementerio es más tranquilo y cotidiano de lo que se podría imaginar. Durante los entierros, el ambiente es solemne, pero con el tiempo, el cementerio se convierte en un lugar de convivencia, donde familiares visitan a sus seres queridos y trabajadores realizan sus tareas diarias. «La gente es muy buena, muy simpática», comenta Patricia, desmontando la imagen de tristeza permanente que a menudo se asocia con estos lugares.
A pesar de ser pionera en su campo, Patricia no ha sentido un trato diferente por ser mujer. Sus compañeros la han recibido con sorpresa, pero de manera positiva. Para ella, la incorporación de mujeres en roles tradicionalmente masculinos es un paso natural y necesario. «Si te gusta, te presentas y ya está», afirma con determinación.
Patricia está apenas al comienzo de esta nueva etapa, y aunque todavía no puede contar cómo será su día a día, está lista para enfrentar los desafíos y las historias que este trabajo le traerá. Su historia es un testimonio de cómo el cambio de perspectiva puede abrir nuevas oportunidades, desafiando los tabúes y promoviendo la igualdad en el ámbito laboral.



