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Prohibido descansar en paz: el primer cementerio de disidentes en Buenos Aires

Prohibido descansar en paz: el primer cementerio de disidentes en Buenos Aires

En el Buenos Aires del siglo XIX, la muerte no era solo un evento personal o familiar, sino un desafío legal para aquellos que no profesaban la fe católica. Para los extranjeros que residían en la ciudad y no compartían esta religión, encontrar un lugar donde descansar eternamente era una odisea. En una sociedad mayoritariamente católica, los llamados «disidentes», principalmente protestantes británicos, norteamericanos y alemanes, no tenían permitido ser enterrados en los camposantos consagrados.

Hacia 1820, el dilema de enterrar a los no católicos se resolvía de manera clandestina. Las familias se veían obligadas a enterrar a sus muertos en las barrancas del río, una solución precaria que dejaba los restos expuestos a las inclemencias del estuario. Esta situación cambió gracias a Bernardino Rivadavia, un visionario de ideas liberales que, al observar la creciente influencia de la comunidad británica en la ciudad, abogó por un espacio propio para las sepulturas protestantes.

Así nació el Cementerio del Socorro, en un terreno asignado en la zona de Retiro, justo al lado de la iglesia del mismo nombre. Este espacio, aunque pequeño, representó un avance significativo. Financiado con aportes de las comunidades británica, norteamericana y alemana, el predio fue cercado y se construyó una capilla de estilo dórico en su centro, convirtiéndose en el primer cementerio protestante de la ciudad.

El Cementerio del Socorro se convirtió en el descanso final de notables figuras de la época, como Helene Halbach y Francis Drummond. Sin embargo, su capacidad se agotó rápidamente, y para 1833, el cementerio quedó en desuso. Décadas después, en 1884, comenzaron las exhumaciones, trasladando los restos al cementerio de la Chacarita, donde algunas lápidas aún se conservan.

El terreno original del Cementerio del Socorro ha desaparecido bajo un hotel moderno, pero la historia de este camposanto pionero resuena como un recordatorio de la lucha por la inclusión y el respeto a las diferencias en una sociedad que, en su momento, no estaba preparada para aceptar la diversidad religiosa.

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