En el corazón de la Región de Murcia se desarrolla una historia de misterio y codicia, donde el arte sacro se convierte en moneda de cambio en el oscuro mercado negro. Durante años, los cementerios, iglesias y conventos de la región han sido blanco de expolios que buscan alimentar la demanda creciente de piezas religiosas, especialmente las conocidas imágenes de Olot. Estos objetos, vírgenes y santos de gran valor, ven disparado su precio tras el cierre de muchos talleres en la localidad catalana que les da nombre.
El caso, que ha captado la atención de los medios, tiene como protagonistas a dos hombres, P.M. y A.J.L., acusados de saquear panteones en cementerios de Lorquí, Sangonera La Verde, Los Martínez del Puerto y otros lugares. El próximo 6 de julio, el titular de la plaza número 3 del tribunal de instancia de Murcia escuchará sus declaraciones en un intento por desentrañar la red de robos y receptación que han llevado a cabo.
La investigación comenzó cuando un comerciante de Murcia, alarmado por la llegada a su tienda de varias imágenes de Olot, contactó a la Guardia Civil. Una de estas piezas, una imagen de la Virgen del Carmen, había sido robada semanas antes en un cementerio de Cartagena. Las piezas, similares a medio centenar de otras recuperadas en la Operación Cementerium, fueron vinculadas a P.M., quien admitió haber actuado como intermediario para un misterioso «A.», un hombre que le entregaba las imágenes en un Volvo azul.
A medida que las piezas del rompecabezas se juntaban, quedó claro que el robo de arte sacro era solo la punta del iceberg. La Guardia Civil identificó a A. como un antiguo trabajador de una firma de efectos religiosos, quien negó haber participado en los robos, a pesar de los indicios en su contra.
Este caso de expolio no es aislado. La Operación Cementerium, llevada a cabo en mayo del año anterior, ya había permitido recuperar numerosas imágenes robadas. Los robos generan un daño profundo, no solo por la pérdida de patrimonio cultural sino también por el impacto emocional en las comunidades locales.
Mientras la justicia intenta esclarecer los hechos, la historia de estos robos sirve como un recordatorio del valor de nuestro patrimonio y la necesidad de protegerlo. La demanda en el mercado negro sigue siendo alta, pero la vigilancia y la cooperación de ciudadanos y autoridades son clave para preservar la integridad cultural de la Región de Murcia.



