La frustración y el descontento han llevado a Andreu Riera, un residente de Manacor, a expresar su indignación ante la situación que vive tras el fallecimiento de su abuela Isabel. Isabel Domínguez, quien había expresado su deseo de descansar junto a su esposo, se ha visto privada de este último deseo debido a problemas estructurales en el cementerio de Son Coletes. La clausura del conjunto de tumbas número 37, debido a preocupaciones de seguridad, ha impedido que se lleve a cabo el entierro planeado por la familia.
El Ayuntamiento de Manacor, enfrentado a la urgencia de la situación, ha ofrecido soluciones que Riera considera inaceptables. «Es una falta de humanidad», afirma indignado, al explicar que solo se les ofreció un nicho en régimen de alquiler sin garantía de que los restos pudieran ser trasladados posteriormente al lugar original. La clausura de varias tumbas en el cementerio, debido a la falta de mantenimiento y problemas estructurales, ha generado una situación insostenible para muchas familias.
Andreu Riera ha registrado una queja formal en el Ayuntamiento, exigiendo una respuesta clara y acciones concretas. «No es una cuestión de política, sino de respeto y dignidad», expresa. Riera se siente impotente ante lo que considera una gestión negligente del cementerio municipal. La situación ha llegado a tal punto que ha buscado asesoría legal para presentar una demanda contra el Ayuntamiento, reclamando una solución urgente y digna.
La respuesta del Consistorio ha sido lenta y, en gran medida, insatisfactoria para las familias afectadas. El alcalde Miquel Oliver reconoce el problema y señala la responsabilidad compartida entre el Ayuntamiento y los propietarios privados de las tumbas. Sin embargo, la falta de acción inmediata ha dejado a las familias en un limbo, sin poder cumplir con los deseos de sus seres queridos.
El caso de Andreu Riera es un reflejo de una problemática más amplia que afecta a muchas familias en Manacor. La gestión de los espacios funerarios y el mantenimiento adecuado de los mismos son temas críticos que requieren atención y soluciones efectivas. Para Riera y su familia, la situación es un recordatorio doloroso de la importancia de la dignidad y el respeto, incluso en la muerte. «Es muy triste y desesperante», concluye Riera, «no poder estar tranquilos ni después de una muerte».



