El cementerio de Santa Icía de Trasancos, situado en el límite entre Ferrol y Narón, enfrenta una situación crítica que ha llevado a los vecinos a alzar la voz. Este jueves, preocupados por el estado en que descansan sus seres queridos, decidieron reunirse para denunciar las condiciones deplorables del camposanto. Nichos abiertos, bolsas con restos de ropa de difuntos y maleza descontrolada son solo algunos de los problemas que enfrentan.
El abandono del cementerio es evidente. Las escaleras están peligrosamente levantadas, los nichos presentan grietas y la vegetación ha crecido sin control. Incluso, algunos nichos han sido cubiertos con persianas en un intento desesperado por proteger los restos de los difuntos. Eduardo Ponce, un residente afectado, describe cómo las raíces de un carballo cercano han invadido el área donde descansan sus familiares.
La falta de mantenimiento ha provocado incidentes de seguridad, como caídas, y una ausencia casi total de limpieza. Las bolsas con restos de cajas y ropa de difuntos son un recordatorio constante del descuido que impera. Incluso, un nicho permanece abierto con el ataúd aún visible, una situación que podría llevar al cierre del cementerio si las autoridades sanitarias intervinieran.
Los vecinos han dirigido sus quejas hacia el párroco local, Cándido Otero, acusándolo de subir las cuotas sin que se refleje en mejoras visibles. En respuesta, el párroco ha asegurado que se ha contratado a una nueva empresa para hacerse cargo del mantenimiento y los entierros. Sin embargo, la desconfianza persiste entre los residentes, que exigen soluciones rápidas y efectivas.
Uno de los casos más impactantes es el de Josefina Carballeira, quien enfrentó una pesadilla cuando el enterrador no se presentó al funeral de su marido. Tras horas de espera y múltiples llamadas, su hermano tuvo que abrir el nicho él mismo. Esta experiencia traumática destaca el nivel de desorganización en la gestión del cementerio.
La Diócesis Mondoñedo-Ferrol ha expresado su solidaridad con las familias afectadas, aunque sus respuestas han sido insuficientes para calmar la indignación de los vecinos. El vicecanciller Sergio Díaz ha reconocido el incumplimiento de la empresa anterior y pide paciencia mientras la nueva administración toma las riendas.
El caso del cementerio de Santa Icía es un llamado de atención sobre la importancia del mantenimiento y la gestión adecuada de estos lugares sagrados. Para las familias que han perdido a sus seres queridos, el descanso eterno debería ser un derecho garantizado, y la comunidad espera que las promesas de mejora se materialicen pronto.



