En la tranquila localidad de Calp, un insólito y perturbador incidente ha capturado la atención de sus habitantes. En el corazón del cementerio municipal, la sala de velatorio se convirtió, inesperadamente, en el epicentro de un escándalo que ha dejado a todos boquiabiertos. Dos cuerpos sin velar, uno en ataúd y otro simplemente cubierto por una bolsa funeraria, fueron hallados en este espacio normalmente reservado para el recogimiento y el adiós solemne.
La noticia comenzó a circular rápidamente, alimentada por la fotografía de los cadáveres, que pasó de móvil en móvil entre los vecinos. La situación cobró un matiz aún más inquietante cuando se supo que los cuerpos llevaban allí más de 48 horas sin que nadie hubiera acudido a velarlos. Los sepultureros, alertados por la ausencia de dolientes y el uso inusual del espacio, decidieron elevar sus sospechas.
Marco Bittner, el concejal responsable del área, no tardó en intervenir. En un esfuerzo por esclarecer los hechos, contactó con las autoridades competentes, involucrando a la Policía Sanitaria Mortuoria y a la Guardia Civil en la investigación. «Queremos saber si este funerario pidió permiso de velatorio y, en realidad, utilizó la sala para almacenar los cuerpos», afirmó Bittner, quien subrayó la importancia de la dignidad y el respeto en el manejo de los fallecidos.
El empresario en el ojo del huracán no es un desconocido para los círculos políticos locales. Stephane Godecharle, vinculado en el pasado a «Somos Calpe», el partido de la alcaldesa Ana Sala, se encuentra ahora bajo la lupa. La alcaldía se ha desmarcado rápidamente, asegurando que Godecharle ya no tiene relación alguna con ellos, y ha sido la propia alcaldesa quien ha firmado el informe para que se investigue la posible infracción.
Las explicaciones ofrecidas por el empresario son tan inusuales como el incidente mismo. Al parecer, una avería en su vehículo le habría obligado a «guardar» temporalmente los cuerpos en la sala de velatorio. Uno de los cuerpos ha sido finalmente enterrado en el cementerio municipal, mientras que el otro ha sido retirado por el propio funerario.
En medio del revuelo, lo que queda claro es que el asunto ha tocado una fibra sensible en la comunidad de Calp. La dignidad y el respeto en el trato a los fallecidos son valores fundamentales que, en este caso, parecen haber sido comprometidos. Queda por ver qué revelará la investigación, pero lo cierto es que el eco de este incidente resonará en la memoria colectiva de Calp por algún tiempo.



