En una ciudad donde cada vez hay más perros registrados que nacimientos, la relación entre las familias y sus mascotas ha dejado de ser un asunto menor. En Elche, el censo canino es obligatorio y gratuito, y desde 2023 se han inscrito más de 3.100 perros. En total, el municipio roza ya las 10.000 mascotas registradas. La cifra habla de una realidad cotidiana: los animales de compañía forman parte de la vida de miles de hogares ilicitanos.
Pero hay una pregunta que casi nadie se hace hasta que llega el momento más difícil: ¿qué ocurre cuando esa mascota muere?
Para muchas familias, despedirse de un perro, un gato u otro animal de compañía no es un simple trámite. Es cerrar una etapa compartida durante años, a veces durante media vida. Y ahí aparece una necesidad que va más allá de lo práctico: tener un lugar al que volver, un espacio donde recordar, dejar unas flores o simplemente guardar silencio. Porque el duelo, aunque sea por un animal, también necesita su sitio.
En España, además, la despedida debe hacerse conforme a la normativa. Los animales de compañía no pueden abandonarse, tirarse a la basura ni enterrarse sin control. Las opciones legales pasan, en la mayoría de comunidades autónomas, por la incineración en centros autorizados o por el enterramiento en cementerios habilitados. Enterrar una mascota en una vivienda particular o en un espacio público está prohibido en muchos territorios por motivos sanitarios y medioambientales, y puede conllevar sanciones de hasta 600 euros.
En Elche, ese espacio existe desde 2018 y se llama “Mi fiel amigo”. Es el primer y único cementerio de animales del municipio. Su origen está ligado a una historia personal: Pedro Punzano, su propietario, decidió ponerlo en marcha después de perder a su propia mascota y tener que desplazarse hasta Madrid para enterrarla en un cementerio especializado. De aquella experiencia nació un proyecto pensado para que otras familias no tuvieran que pasar por lo mismo.
El recinto alberga actualmente cerca de 500 mascotas. Según Natalia Punzano, hija del propietario y también vinculada al proyecto, el servicio más demandado es el enterramiento, precisamente porque permite conservar un lugar físico de recuerdo. Además, “Mi fiel amigo” ofrece entierros en fosas o nichos, incineración individual y recogida en domicilios o clínicas veterinarias, con precios que oscilan entre los 80 y los 200 euros.
Sus responsables reconocen que no es un servicio todavía muy conocido. Muchas personas descubren estas opciones justo cuando se enfrentan a la pérdida. Sin embargo, quienes lo utilizan destacan la importancia de poder visitar a su mascota y mantener vivo ese vínculo de una forma íntima, sencilla y legal.
En Elche, donde las mascotas ya ocupan un lugar central en muchas familias, también empieza a abrirse camino una nueva forma de despedirse: con respeto, memoria y un lugar al que regresar.



