En O Barco de Valdeorras, la falta de espacio en el cementerio municipal ha dejado de ser una previsión lejana para convertirse en un problema inmediato. El camposanto cuenta actualmente con apenas una decena de nichos libres para atender a las familias que pierdan a uno de sus miembros. Diez plazas. Poco margen para un municipio que en 2024 registró 150 fallecimientos y sólo 65 nacimientos, según los últimos datos del Instituto Galego de Estadística.
El Concello ya trabaja en una respuesta. Los servicios técnicos municipales han diseñado un proyecto para construir 200 nuevos nichos en los terrenos de la Finca La Cruz, una zona colindante con el cementerio que ya ha servido para ampliaciones anteriores. La actuación figura en los presupuestos municipales de 2026, aunque posteriormente se prevé que sea financiada con las aportaciones de las personas que adquieran las nuevas sepulturas.
El concejal de Medio Rural y Cementerio, Jesús Jares Almeida, ha explicado que existe una lista de espera “bastante amplia”, lo que justifica la necesidad de impulsar esta nueva ampliación. El dato no es menor: el año pasado se registraron unas 80 solicitudes. Con las cifras actuales, el cementerio municipal apenas dispone de capacidad para responder a una parte muy reducida de esa demanda.
La Finca La Cruz se ha convertido en la reserva de espacio para el camposanto barquense durante la última década. En dos ampliaciones anteriores, el cementerio sumó 360 nichos en una primera intervención y otros 100 en una segunda. De los 24.000 metros cuadrados adquiridos por las arcas municipales en esta zona, unos 3.000 se han destinado a usos vinculados al cementerio. El resto del entorno fue acondicionado en 2009 por un obradoiro de emprego como parque arqueológico, sobre restos de una antigua explotación aurífera romana.
La situación también afecta a los cementerios parroquiales del rural, aunque con menor intensidad. Estos recintos dependen de la diócesis de Astorga y no del Concello. Según el sacerdote responsable de la unidad pastoral de O Barco, Jesús Álvarez Álvarez, prácticamente tampoco tienen nichos libres, pero el problema es menos urgente porque los núcleos rurales apenas han recibido nueva población y muchas familias ya adquirieron sepulturas en ampliaciones anteriores.
El caso más delicado podría ser Veigamuiños, donde sí ha llegado más población en los últimos años. La parroquia trabaja también en un proyecto de ampliación para evitar futuros problemas de espacio.
El fondo de esta situación es demográfico. O Barco envejece, como tantos municipios del interior. Su índice de envejecimiento, que mide la relación entre mayores de 65 años y menores de 20, se acerca ya a 139 y continúa al alza. El cementerio, silencioso y práctico como pocos asuntos municipales, acaba reflejando una realidad que las estadísticas llevan tiempo anunciando.



