Durante años, en el edificio de la antigua Policlínica Santa Ana, en Navatejera, se hicieron pruebas médicas, resonancias y diagnósticos. Era un lugar asociado a la salud, a la espera de resultados, a esa incertidumbre tan humana de quien entra buscando una respuesta. Ahora, ese mismo inmueble se prepara para otra forma de acompañamiento: la despedida.
El Grupo Albia, filial de Santalucía, está ejecutando la adecuación integral del edificio para convertirlo en un nuevo tanatorio. Las obras, ya avanzadas, permitirán que las instalaciones funcionen como espacio de velatorio y duelo previsiblemente durante el primer semestre de 2027, siempre que se cumplan los plazos previstos.
La operación tiene una lectura clara para el sector funerario: Albia deja de depender exclusivamente del alquiler de salas de terceros y pasa a controlar un recurso estratégico propio. Hasta ahora, la compañía utilizaba instalaciones de Serfunle, la mancomunidad pública de Servicios Funerarios de León y su Alfoz. Con un tanatorio propio, podrá derivar a sus asegurados hacia sus propias salas, mejorar márgenes y ganar autonomía en un mercado especialmente sensible a la contratación de seguros de decesos.
El contexto explica buena parte del movimiento. En la provincia de León, 259.390 personas cuentan con seguro de sepelio, lo que representa el 57,9% de la población, según datos de Unespa. Es una cifra muy superior a la media nacional, situada en el 45,6%, y también por encima de la media autonómica, del 42,9%. En Castilla y León, solo Ávila presenta una tasa más elevada, con un 73,6%.
Para una compañía como Santalucía, líder nacional en seguros de decesos con una cuota superior al 30%, disponer de infraestructura funeraria propia no es un detalle menor. Es una forma de cerrar el círculo del servicio: póliza, gestión, velatorio y acompañamiento familiar bajo una misma estructura empresarial. Dicho sin adornos: menos dependencia externa y mayor control de la cadena de valor.
Navatejera, además, verá duplicada su oferta de tanatorios. El municipio ya cuenta con una instalación impulsada por Serfunle en el Camino de los Mancebos, construida tras años de reivindicaciones y con una inversión cercana al millón de euros. Aquel centro nació para atender a más de 20.000 habitantes, aunque su uso ha sido limitado desde la apertura, lo que ha alimentado dudas sobre la planificación de estos equipamientos.
Con la llegada de Albia, el mapa funerario de la zona vuelve a moverse. El nuevo centro se sumará a los tanatorios de Serfunle en León y Navatejera, y al complejo privado Los Jardines, en San Andrés, que también dispone de velatorio en Nava.
La transformación de Santa Ana deja una imagen poderosa: donde antes se buscaban diagnósticos, pronto se acompañarán despedidas. La medicina que marcó una etapa en Navatejera cede espacio a una industria funeraria cada vez más competitiva, más integrada y, sobre todo, más atenta a un dato que pesa mucho en León: aquí, el adiós está mayoritariamente asegurado.



