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Actualizado: 20/05/2024
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La colmatación del cementerio de Griñon deja a los musulmanes de Madrid sin un cementerio donde ser enterrados

La colmatación del cementerio de Griñon deja a los musulmanes de Madrid sin un cementerio donde ser enterrados

La colmatación del cementerio de Griñon deja a los musulmanes de Madrid sin un cementerio donde ser enterrados

A finales del año 2022 el cementerio de Griñon, donde se enterraba a los musulmanes de Madrid por el rito islámico, notificó su colmatación y aunque esta circunstancia se preveía desde hace algún tiempo, nadie tenía un ‘plan B’ preparado.

Ahora los aproximadamente 300.000 musulmanes que viven en la Comunidad de Madrid no tienen, desde hace meses, ningún espacio donde puedan ser enterrados de manera acorde a sus creencias, una situación que ha empujado a muchos ciudadanos de religión islámica, a llevarse los restos de sus fallecidos a otras ciudades.

La Comisión Islámica Española ha iniciado, a título particular, distintas reivindicaciones para exigir que se proteja el derecho de los ciudadanos musulmanes a recibir una sepultura digna. Una de las personas que están peleando por revertir este escenario es Maysoun Douas, concejala de Más Madrid en el Ayuntamiento madrileño, quien explica el limbo al que se enfrentan, desde hace meses, los musulmanes que fallecen en la región.

El equipo que coordina Douas ha localizado apenas una treintena de cementerios aptos para enterramientos musulmanes en todo el territorio español. Ninguno está a menos de 250 kilómetros de Madrid, y el que pone menos trabas para recibir fallecidos de cualquier punto de España es un cementerio privado ubicado en Chiva (Valencia), a más de tres horas en coche desde la capital.

Así las cosas, cabe plantearse repatriar el cuerpo a otro país de mayoría musulmana donde el fallecido pueda descansar en paz. La opción principal, en este sentido, es Marruecos, país de origen de la mayor parte de la inmigración de religión musulmana en España.

Según confirma Douas, es una operación cara, cuyo importe alcanza sobradamente las cuatro cifras, y que está sujeta a los vaivenes del tráfico de mercancías, lo que implica que las familias tienen que ingeniárselas para conservar a sus muertos durante días, a veces semanas, a la espera de que salga un convoy con el destino precisado.

Se suma además el factor sentimental: muchos de los musulmanes que residen en Madrid han nacido en España o han pasado aquí la mayor parte de sus vidas. Lo lógico para ellos, insiste Douas, sería ser enterrados en el lugar que fue su hogar, donde sus familiares puedan ir a visitar sus tumbas.

Un proyecto pendiente 
En 2016, el Gobierno de Manuela Carmena valoró habilitar una parcela del cementerio Sur de Madrid, en Carabanchel, para que acogiera enterramientos de musulmanes, pero nunca avanzó en las gestiones. La iniciativa fue recuperada por el PSOE el año pasado, y el Pleno municipal aprobó en julio una proposición para acondicionar una parcela de «no menos de 10.000 metros cuadrados» en el cementerio de Carabanchel.

No obstante, los partidos del Gobierno (PP y Cs) se abstuvieron en la votación, que salió adelante con los votos del ala izquierda de la oposición (Más Madrid, PSOE y Grupo Mixto). La portavoz del Ejecutivo, Inmaculada Sanz, alegó que ya había contactos con «representantes de la comunidad islámica» y no quería concretar la solución en «el acondicionamiento genérico de una parcela o de otra de cualquiera de los cementerios”.

En cualquier caso, no se han comunicado avances tangibles ni por parte del Ayuntamiento ni por parte de la Comisión Islámica Española, a la que Douas señala directamente. «No está haciendo absolutamente nada», afirma la concejala, que lleva meses intentando contactar, sin éxito, con la organización.

La tasa de mortalidad de la Comunidad de Madrid está en 7,4 defunciones anuales por cada 1.000 habitantes. Con ese dato en la mano, Douas estima que entre los musulmanes madrileños se producirán no menos de 1.500 fallecimientos este año. 1.500 muertos que, si nada cambia, tendrán que reposar lejos de casa.

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