Actualizado: 20/10/2020
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El cementerio parroquial de Santiago de Carril ofrece un aspecto deplorable

El cementerio parroquial de Santiago de Carril ofrece un aspecto deplorable

El estado de abandono en el que se encuentra el entorno del conjunto histórico de la iglesia de Santiago y del propio cementerio de la parroquia de Santiago de Carril, de Villagarcía de Arousa (provincia de Pontevedra) es un horror.

Hierbajos, ratas muertas, papeleras llenas, botes de cerveza vacíos en los sillares, gatos en busca de inmundicias forman parte del paisaje en ambos escenarios, una situación que realmente indigna a los vecinos por la despreocupación y la larga condena al olvido de ambos recintos.

Las dos primeras filas de panteones aún guardan cierta presencia gracias al tesón de algunas familias que se preocupan de arrancar hierbajos, retirar hojas y papeles e incluso de alisar el camino de grava que rodea la última morada de sus parientes.

Dos o tres pasos más allá la situación cambia de forma radical pues la maleza se ha “tragado” los sepulcros bajo tierra por lo que el aspecto de descuido y abandono es mucho más que notorio.

Siendo verdad que el cementerio permaneció clausurado durante los dos meses de confinamiento extremo por la pandemia, la otras realidad es que el tamaño de hinojos, maleza y otras malas hierbas demuestran que la necrópolis de Carril lleva muchos meses más sin ningún tipo de mantenimiento.

La maleza tiene tal dimensión que más de la mitad de los sepulcros bajo tierra son imposibles de distinguir y ni siquiera son visibles los pasillos de separación entre tumbas, lo que provoca un serio malestar a los deudos.

Cruces, losas, imágenes que se han colocado en homenaje a los enterrados han desaparecido casi de la vista convirtiendo el lugar de reposo en un espacio que “a nadie le apetece visitar porque realmente da pena”, explicaba otra de las mujeres que coincidió en la visita al cementerio parroquial.

La situación ya ha sido puesta en conocimiento de los responsables municipales. También “salió en los periódicos” pues el Ayuntamiento cobra por la concesión y debe atender el respetable recinto. De momento, la respuesta es el silencio que ni consuela ni inspira paz. Faro de Vigo

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