Actualizado: 18/07/2019
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Ignacio Morchón Vaquero: “Nadie en el sector funerario se pringaría por un féretro de 110 euros”

Ignacio Morchón Vaquero: “Nadie en el sector funerario se pringaría por un féretro de 110 euros”

J.M. Pascual entrevista a Ignacio Monchón hijo para El Norte de Castilla. El Juzgado número 6 investiga el fraude de los ataúdes de Grupo El Salvador de Valladolid. Ignacio Monchón padre investigado por los delitos continuados de falsedad y estafa por la supuesta sustitución de más de 6.000 ataúdes, así como por los delitos de organización criminal, uno de fraude contra la Hacienda pública y otro de blanqueo de capitales que se fundamentaría en el casi millón de euros hallado en casa del padre.

La defensa de la familia ha solicitado la libertad del principal investigado, denegada hasta ahora porque las acusaciones temen que pudiera huir ante la gravedad de los hechos que se le atribuyen. ”¡Pero qué riesgo de fuga ni fuga va a haber, si mi padre tiene más de setenta años y nos tiene a todos aquí. Somos de Valladolid, no vamos a ir a ninguna parte, no tenemos nada que esconder”,proclama su sucesor.

Cree que la operación Ignis (‘Ig’ de Ignacio, apunta) es un montaje basado en una venganza personal que ha servido, además de para manchar la imagen de su familia, dice, para propulsar ciertas carreras policiales y políticas y crear plataformas artificiales de afectados por parte de algunos abogados avispados que ven negocio en un caso tan sensible y mediático como el de los ataúdes.

–Usted insiste en que todo es producto de una venganza contra su familia y que no se han lucrado de forma ilícita. Es una venganza total. Tenga en cuenta que el negocio nuestro no solamente es la incineración, esa es una parte mínima dentro de todo el negocio del servicio funerario. Ahora mismo está subiendo mucho, pero en aquellos años era mínima, un 10 o un 15%. Ahora mismo está en un 40% de incineraciones y un 60% de enterramientos. A nosotros los féretros siempre nos han costado lo mismo.

Se puede preguntar a la gente del sector. Nadie en su sano juicio se va a pringar por un féretro que cuesta 110 euros, que en el 90% de las veces se puede manchar o golpear, y te va a costar mucho más repararlo que coger uno nuevo. Es que no tiene sentido. Tú le preguntas a cualquier funerario y te dirá que no merece la pena. Cuando vino la Policía a hacer los registros, andaban buscando como locos un almacén lleno de cajas, de cajas rotas, lleno de cajas para cremaciones… ¡No vieron nada, porque no hay nada! Nosotros hemos demostrado que estamos en torno a los 2.000 servicios anuales y ahí están todas las facturas de todos los féretros que se han comprado, la misma cantidad de féretros cada año. Y solo uno era de 6.000 euros, no de 10.000. La compañía de seguros te paga 400 euros por un féretro.

–Un conocido con el que se acaba de topar usted en el vestíbulo del tanatorio le ha preguntado por su padre. Yo le hago la misma pregunta: ¿Cómo se encuentra? Se puede imaginar cómo está mi padre. Una persona mayor, que realmente no sabe lo que ha pasado, no sabe lo que está ocurriendo, como nos pasó a todos y, en estos momentos, pues está el hombre mal. Mal está. Decaído. Aparte, es una persona que tiene una edad avanzada, enfermo y está, la verdad, que muy mal. Y diciendo que cómo es posible que no tenga derecho a defenderse fuera, en la calle, cuando se le está acusando de unas cosas que nosotros no hemos cometido y que no tengamos la posibilidad de defendernos fuera. Simplemente se nos ha metido en prisión, directamente.

–Aunque usted no quería dejarle solo, la idea de su padre era que usted pudiera salir lo antes posible para coger el timón. Eso es, eso es. Porque, realmente, la empresa estaba descabezada. Quiero decir, mi hermana la mayor se dedica simplemente a temas de contabilidad. Realmente, donde caía el peso de todo el personal que tenemos era en nosotros, y sobre todo, ya en estos últimos años, en mí, porque mi padre ya se había jubilado. Y claro, si quitan a la persona que realmente estaba con los trabajadores día a día, pues claro, estaba un poquito descabezada la empresa. Y el miedo de mi padre es que esto siguiera funcionando: que mira a ver Ignacio, que tienes que hablar, que lo tienes que defender, que a mí ahora no me dejan salir. Entonces, tienes que estar tú al frente. Y por eso la primera idea era intentar que saliera, primero mi hermana pequeña, que no tenía nada que ver en esta historia, porque la mujer ni está en la funeraria ni en el tanatorio ni nada y se ha visto involucrada en algo que no tenía nada que ver. Y nada, aquí estamos, intentando defendernos, dar la vuelta a todo esto, a esta explosión mediática que nos ha llegado no sabemos de dónde.

–¿Cómo recuerda su detención en la operación Ignis? Ocho de la mañana, sales de tu casa tranquilamente, te encuentras a la policía secreta a la puerta: «Oiga, ¿don Ignacio Morchón? Digo que sí. «Queda usted detenido» ¿Por qué? «No le puedo comentar nada. ¿Hay alguien en su casa?». Pues mi mujer y mis hijos, quién va a estar. «Avíseles, que vamos a proceder a la inspección de su domicilio». Pero bueno, ¿esto a qué viene? Y así fue. Entraron en mi casa, con perros, hicieron un registro completo y allí no se encontró nada de nada. Se fueron con las mismas y a nosotros nos llevaron a los calabozos de la Comisaría de Delicias. Cuando entramos allí me encuentro a media plantilla de trabajadores.

Digo, ¿pero, bueno, pero vosotros qué hacéis aquí? Y allí todos, se puede imaginar, con la cara de extrañeza, desencajados. Pues allí nos pasamos casi 72 horas hasta el sábado a las ocho de la tarde que nos llevaron a los juzgados de Angustias. Atando cabos, allí pensé que podía tener que ver con la denuncia del extrabajador condenado por extorsión un año atrás. Pero no nos decían nada, solo que era secreto y que tendríamos que declarar ante el juez. En ningún momento nos dijeron por qué estábamos detenidos.

–¿Cómo se sintió al pasar de ser el denunciante de un chantaje a detenido, de víctima a sospechoso? Tienes que pensar en una cosa: Tú has obrado con buena fe. En un primer momento este señor [Justo Martín Garrido] le dijo a mi padre: «Oye, sube, que tengo que hablar contigo porque me tienes que dar dinero», y me dice mi padre: «Ignacio, sube a hablar con Justo, que si subo yo vamos a acabar discutiendo él y yo». Su relación no era buena, estamos de acuerdo. Cuando subo y le pregunto que qué problema tenía (le quedaba no sé si un mes para jubilarse), me dice: «No, no, si yo contra ti no tengo nada.

Yo quiero hablar con tu padre, que a mí me ha quedado muy poco de pensión y quiero que se me suba la pensión. Y otra cosa, no habéis empleado a mi hijo, quería que le metiérais en la funeraria. Pues ahora le voy a joder a tu padre». Le dije que no hiciera el tonto, pero me dijo que tenía unas fotos: «Si no me pagáis, os voy a joder bien». Yo pensaba no hacerle ni caso, que era un calentón, pero al poco tiempo nos empezaron a llegar los primeros wasaps y fui a la Policía.

EL CHANTAJE
Ignacio Morchón hijo se refiere a la serie de fotografías de los fallecidos que aparecen en cajas con un cartel con su filiación y las fechas en las que supuestamente se habría realizado el ‘cambiazo’ de los ataúdes por otros de escasa calidad, con destino a la incineración durante veinte años.

–¿Qué sintió la primera vez que le llegaron esas fotos? A mí la cara se me descompuso. Digo, ¿pero y esto qué es? ¿Y estas fotos qué son? Empezaron a llegar una serie de cartas pidiendo dinero y amenazando con sacar las fotografías en todos los medios de comunicación. De la primera vez que fuimos a la Policía habrían pasado dos o tres meses. Entonces fueron a por él y le incautaron la última carta de extorsión, que llevaba encima. Yo, si en algún momento hubiese tenido la más mínima duda de que eso fuera verdad, no habría ido a denunciar, por pura supervivencia. Pero fuimos a denunciar con todas las de la ley. Este señor pedía más de 60.000 euros.

Se le paró, se le condenó, se le puso una orden de alejamiento, costas, nosotros dijimos que no queríamos nada, solo que nos dejara en paz. Yo no sé cómo decirlo… Pero vamos, su odio hacia mi padre… Porque él ha visto nacer el cementerio de Santovenia, el único privado de España, nos ha visto crecer de la nada. ¡Llevaba trabajando allí toda la vida, desde el año 1995! Y que esta mente sea capaz, desde el primer momento, de hacer esas fotografías… ¿Pero este hombre ya lo tenía todo maquinado desde entonces? Es que no lo sabemos. Es increíble hasta dónde puede llegar.

–¿Una persona sola puede hacer algo así durante veinte años sin que nadie de la empresa se entere? Mover los cadáveres, cambiarlos de féretros y quemarlos, fotografiarlos… Nosotros vamos a explicarlo perfectamente. Se puede ver aquí y se puede ver en el cementerio. Tenemos un protocolo de transparencia que siempre ponemos a disposición de las familias. Esto es como todo, cuando empiezas algo nuevo, no tienes ni idea de cómo va a funcionar, pero vas mejorando con el tiempo. Nosotros ya hicimos la sala crematorio en el cementerio, donde tú abres el túmulo y ves perfectamente la entrada del cuerpo al crematorio. La labor de este señor era encargarse de la cremación. Los operarios llegaban hasta el cementerio, depositaban el féretro sobre una carretilla elevadora que se puede introducir y manejar perfectamente por una sola persona. Pero su labor llegaba hasta la entrada del crematorio.

La familia se despedía del cuerpo y ellos veían cómo se introducía en el crematorio. En el momento en que los operarios que han ayudado a meter el cuerpo se van, este señor se queda solo y tiene todo el tiempo del mundo para hacer lo que le dé la gana. Puede parecer que una persona sola no pueda manejar… pero allí es fácil, porque eso va en un rodillo e igual que metes un féretro, si no tienes encendido el horno, se puede sacar. Entonces, él podía hacer y deshacer a su antojo. ¿Si tenía a alguien para ayudarle? El ha dicho que no, que las fotos las ha hecho solo él. Yo sé que una persona sola puede hacerlo. Ahora bien, ¿que es más fácil eso con otra persona? Pues eso, seguro. Pero yo no lo sé. Yo solo sé que nosotros aquí siempre trabajamos dos personas por seguridad.

–Esas fotos que probarían ‘el cambiazo’ de los féretros han levantado ampollas no solo entre los familiares de los difuntos, sino en el conjunto de la opinión pública. Muchos de esos féretros que aparecen en las fotografías son féretros normales a los que solamente se ha quitado la tapa de arriba, y ha hecho ver o ha hecho creer que es una caja de segunda mano o una caja usada. En otros se ve una tapa, que es muy fácil también poner la tapa en otro carro al lado y poner ese cuerpo en esa tapa e introducirla en el crematorio.

–La operación Ignis ha estallado en plena expansión de su negocio. Es que esta empresa se ha hecho muy grande. La única labor de mi padre ha sido la de invertir, porque podía haber vivido muy bien, que es lo que le hemos achacado sus hijos muchas veces, que para qué queríamos otro tanatorio en Mojados o en Tudela de Duero, si nosotros ya no damos abasto con lo que tenemos. «Bueno, pues mira, antes de que se lo lleve Hacienda, pues lo seguimos invirtiendo», así de claro. Y eso es lo que se ha ido haciendo. Un hombre emprendedor, un hombre que se ha hecho a sí mismo de la nada. Aquí no se ha hecho otra cosa que trabajar, trabajar en esta vida. El lío que se montó con el dinero. Es que es muy fuerte. Estar tú metido en prisión, que no puedes tú defenderte y ver todo lo que se está diciendo en los medios de comunicación…

-Dos meses en prisión. Que se dice pronto. La verdad es que no dormía, yo no dormía en la noche. Me veía allí metido y me decía: esto es una pesadilla, una película de Hitchcock, tengo que despertarme, qué tengo que hacer. No entiendes nada, por qué estás allí. Si soy una persona inocente, ¿por qué estoy aquí? ¿De qué se me acusa? ¿Por qué no nos dejan decir nuestra verdad, que es la verdad? No te haces una idea de lo que es hasta que estás dentro. Y eso que estaba en el módulo de respeto.

–¿Cómo está viviendo la desconfianza sobre una marca que hasta enero ha sido un referente empresarial en Castilla y León? Una de las empresas más solventes y más saneadas, que eso es muy importante. El miedo ahora son los trabajadores, su futuro. Son 80 familias las que viven directamente del trabajo de la funeraria. Desde que ha salido esto, se nos ha ido mucho apoyo de las compañías de seguros por el riesgo reputacional, porque la empresa está siendo investigada… Nosotros no podemos mantener a tantas familias ahora, tendremos que plantear un ERE, porque nos ha bajado el volumen de trabajo un montón. Lo estamos estudiando. Y, con todo y con eso, ahí dentro pensaba que no íbamos a hacer ni un servicio. Pero la gente que nos conoce, que ha hecho sus servicios toda la vida en nuestra casa, ha seguido viniendo y me para mucha gente por la calle y me dice que mucho ánimo, mucha fuerza, seguro que salís, que esto no puede ser. Es el sentimiento que me transmiten a mí en la calle. Y se ve aquí, en el tanatorio, está funcionando. Pero el daño ya está hecho. Y para recuperar otra vez el prestigio, nos va a costar muchísimo. Muchísimo.

–Con todo lo sucedido, es normal que una persona que ha confiado en su funeraria para incinerar a su ser querido se pregunte qué hay en la urna. Nosotros hemos garantizado siempre la total transparencia. Que estén tranquilas las familias. Que las cenizas que tienen en casa son de su ser querido y del féretro que ellos compraron, eso es lo que yo quiero transmitirles. Que eso no ha existido, que es toda una trama de este señor. La palabra es: alucinante. Yo he visto llorar aquí a los trabajadores nuestros como magdalenas, ¿eh? Los que no están investigados se han unido para ir a declarar al juzgado.

A mí eso, como persona, me ha llenado muchísimo. Vamos a ver. Si todo fuera verdad, ¿por qué este hombre no ha salido desde el primer momento diciendo oye, aquí hay irregularidades, aquí estoy viendo cosas que no tienen que ser? ¿Por qué no ha salido y está esperando a jubilarse para hacer todo el daño? Encima se va pavoneando en su pueblo, en Santovenia. Ha mandado fotos de su WhatsApp a conocidos y no le quieren ni ver, le han debido de poner dos policías a la puerta. Va diciendo que la bodega que tiene se la hizo con materiales de Morchón. La verdad es que es muy fuerte lo que nos ha pasado. Lo único que puedo hacer es pedir mil perdones por haber contratado a este señor. Que lo que haya hecho ya se demostrará, pero que lo que han hecho los demás trabajadores es completamente transparente.

–Un aspecto que levantó mucho revuelo era la cantidad de dinero en metálico, casi un millón, que tenía su padre en casa. Desde que tengo uso de razón le he visto con un fajo de billetes y una goma en el bolso. Ese dinero son sus ahorros, está todo declarado desde el primer al último duro.

–¿Percibe cierta inquina? Dicen: no era normal, que se veía venir o cuánto habrá robado. En este país, cuando una persona triunfa no pueden entender que es a base de trabajo. Es muy fácil decir este edificio de quién es, coño, de Morchón. Joder, claro, fíjate lo que dan los muertos. Esa es la frase. Y no saben ellos el trabajo que lleva detrás. No pueden pensar en que una persona suba de una manera lícita y ese es el caso en el que nos encontramos. Pero hay otros que dicen, mira Morchón, dos cojones. Porque eso que tienes no te lo ha dado nadie. Mi padre ha sido pionero.

–Su letrado ha solicitado la puesta en libertad de su padre, pero la acusación alega riesgo de fuga. Motivos para no dejarle salir no tienen ninguno.

–¿Tiene miedo de volver a entrar? Miedo no tengo ninguno, porque soy inocente. Yo jamás he hecho eso y estoy seguro de que ninguno de mis empleados, tampoco. Lo que sí voy a tener son pesadillas toda la vida por haber estado allí.

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