Actualizado: 15/11/2018
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Descubren los secretos de la tumba egipcia de Mehu que vivió hace 4.300 años

Descubren los secretos de la tumba egipcia de Mehu que vivió hace 4.300 años

La tumba de Mehu, un poderoso visir que vivió hace 4.300 años en la época de los primeros faraones egipcios, fue abierta el pasado sábado al público por primera vez en la zona de las pirámides de Saqara, al suroeste de El Cairo, (capital de Egipto).

Los frescos de vivos colores, los bajorrelieves y bellas inscripciones jeroglíficas hacen de esta tumba “una de las más bonitas y más completas” del Imperio Antiguo, según afirmó el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Mustafa Waziri, en declaraciones a periodistas.

La tumba, descubierta en 1940, se ubica a decenas de pies de la pirámide escalonada de Zoser, el monumento de piedra más antiguo del mundo y el más importante de Saqara, la necrópolis de la antigua ciudad de Menfis, la capital de los primeros faraones.

El propietario de la tumba, Mehu, fue un importante funcionario durante el reinado del faraón Pepi I (2325-2150 a.C.), al inicio de la VI dinastía, lo que le granjeaba amplios poderes, como ser jefe del palacio real o el superior de los jueces, según explicó el renombrado arqueólogo Zahi Hawas.

El experto aseguró que la tumba es “única” porque gracias a ella se ha descubierto que el dios Jentiamentiu también era venerado en la zona del delta del Nilo y no solo en el Alto Egipto, como se creía antiguamente.

Los jeroglíficos del enterramiento muestran que ese dios tenía una “conexión personal” con Mehu, según relató Hawas, lo que da fe de la importancia que tuvo este visir en su época.

La tumba tiene una superficie de 500 metros cuadrados
No en vano, el enterramiento tiene unas dimensiones dignas de la realeza, 1,650 pies cuadrados repartidos en cuatro cámaras completamente decoradas y un amplio patio descubierto.

Mehu también recibió el privilegio de poder enterrar a su hijo y su nieto en el mismo sitio, algo que no podían hacer la mayoría de los nobles de la época, por lo que podría considerarse como “una tumba real”, en palabras de Waziri.

Las paredes de las cámaras y pasillos están pintadas con ricos frescos que ilustran escenas de la vida diaria del Antiguo Egipto, como la danza, la pesca y la caza o la fabricación de piezas de oro.

En la capilla principal, la más rica, figuran imágenes de las copiosas ofrendas que realizó Mehu a los dioses y en el centro de la escena, se puede ver una figura masculina, con la perilla que usaban los faraones, bebiendo de un cáliz.

A pocos pies de la tumba de Mehu, el ministro de Antigüedades, Jaled al Anani, también visitó este sábado la tumba sur del complejo funerario de la pirámide de Zoser, que será inaugurada a principios de 2019 después de una completa restauración, puesto que estaba en muy mal estado.

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