Actualizado: 13/12/2017
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Agujeros en la gestión del cementerio de San Fernando de Sevilla

Agujeros en la gestión del cementerio de San Fernando de Sevilla

Vía: Cristina Díaz / Diario Sevilla

El Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria de la Junta de Andalucía, en su artículo 43, establece que los cementerios municipales de las localidades con más de 50.000 habitantes deben tener una cámara frigorífica con capacidad, como mínimo, para dos cadáveres, que “se incrementará a razón de una plaza más por cada 50.000 habitantes”.

Según esta normativa, el cementerio de Sevilla de San Jerónimo, con casi 700.000 habitantes, debería tener 16 cámaras frigoríficas, sin embargo, actualmente no hay ninguna en funcionamiento.

Trabajadores del camposanto sevillano denuncian que éste no se ajusta al decreto aprobado por la Junta en 2001 y actualizado en varias ocasiones en materia de sanidad mortuoria y reclaman a la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz que actúe de oficio e investigue estas irregularidades. “Queremos que los ciudadanos conozcan el estado del cementerio y que el Defensor del Pueblo o la Junta hagan algo al respecto”, afirma Manuel Gutiérrez, delegado sindical de Comisiones Obreras (CCOO) del cementerio de San Fernando.

El Ayuntamiento de Sevilla construyó en 2001 una nave para albergar un nuevo horno crematorio para restos que no fueran humanos, como ataúdes, sudarios, ropa o flores. Este horno apenas estuvo dos años funcionando y la nave es hoy un trastero de maquinaria, andamios y pilas de ladrillos, lápidas y bolsas de cemento. “Este horno no funciona desde 2003. No daba abasto, no tenía capacidad suficiente para quemar todos los restos que se generaban y se estropeaba cada dos por tres”, explica un trabajador sin dar su nombre por miedo a posibles represalias. Según varios empleados, debido a la gran carga de trabajo, la máquina alcanzaba altas temperaturas y ponía en riesgo la seguridad de los trabajadores, por lo que se decidió no utilizarla.

Este horno no sólo está abandonado, sino que ha sido saqueado, al igual que la veintena de cámaras frigoríficas que se acumulan en esta nave sin usar. “Entran por la ventana y se llevan todo lo que quieren”, asegura el trabajador. “Se han llevado los motores de las cámaras frigoríficas y los cables de la instalación eléctrica”, apunta.

El cementerio cuenta con más de 20 cámaras para conservar los cadáveres y ninguna funciona. En muchas han sustraído hasta la bandeja o plancha donde se coloca el cuerpo del difunto. Andamios, lápidas y planchas de cemento se amontonan encima de estas instalaciones abandonadas. “Si alguna vez viene un cadáver que hay que conservar por cualquier motivo, por orden de un juez hasta que se aclare la muerte de la persona, por ejemplo, no se puede hacer. El cementerio no tiene cámaras frigoríficas en funcionamiento”, asegura el empleado, a pesar de que la normativa de la Junta obliga a los cementerios municipales a tener un mínimo de dos más otra por cada 50.000 habitantes. “Esto refleja la dejadez que existe por parte del Ayuntamiento”, manifiesta.

El gobierno local reconoce esta situación pero argumenta que esto “no es nuevo”, sino que el problema “lleva muchos años arrastrándose” y que “al menos en los últimos cinco años” no ha habido “la necesidad” de tener una cámara frigorífica en el cementerio, ya que la ciudad cuenta con empresas privadas que prestan este servicio.

Según el delegado de CCOO Manuel Gutiérrez, en 2008, el Ayuntamiento licitó la construcción de una nueva nave con otro horno crematorio para restos para que sustituyera al anterior. El edificio cuenta hasta con sala de descanso para los trabajadores y aseos pero está cerrado a cal y canto. “Costó unos 2,5 millones construirlo y nunca se inauguró”, comenta Gutiérrez. El edificio no tiene montada ni la instalación eléctrica ni la de gas natural. Además, durante estos años, esta construcción tampoco se ha librado de los saqueadores.

El Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria también señala en el artículo 43 que los cementerios deberán contar con un horno para la destrucción de ropas y objetos procedentes de la evacuación y limpieza de las sepulturas. El Ayuntamiento de Sevilla especifica que no es obligatorio contar con un horno de estas característica, sino que se puede prestar este servicio a través de una empresa externa, como ocurre en el cementerio de San Fernando, donde se utiliza una máquina compactadora. “El servicio está cubierto con un contrato externo”, afirma el gobierno local.

El Ayuntamiento explica que el gobierno local de 2008 no previó una segunda fase de inversión para la puesta en marcha de la nueva nave y en ninguno de los gobiernos posteriores “se ha dado la circunstancias para asumir” este coste adicional, de ahí que el edificio continúe cerrado.

Frente a esta nave sin inaugurar, dos oxidados vehículos eléctricos, que antes se utilizaban para desplazar a las personas con movilidad reducida, permanecen en el olvido con las ruedas totalmente desinfladas y sin asientos. “Ahora un minusválido o una persona mayor con poca movilidad se tiene que desplazar en silla de ruedas por un suelo lleno de grava y chinos, que también está prohibido por normativa”, denuncia otro trabajador.

Los vehículos se encuentran estacionados junto a una antigua fosa común cuyo mal estado deja ver las bolsas y restos óseos de su interior. Se trata de una construcción de hormigón que en su día estuvo sellada pero que hoy presenta numerosas grietas donde no sólo se ven las vigas, también los restos óseos que alberga este osario desde hace años. Un plástico amarillento intenta tapar sin éxito una de las grietas más grandes pero no impide que se pueda ver una calavera fuera de su bolsa. “El muro del lateral se cayó y se podían ver todos los huesos”, exclama un hombre que se encuentra en el cementerio visitando el nicho de un difunto. El muro, ya arreglado aunque con algunas grietas, presenta varios pegotes de cemento. “Lo arreglaron porque esta parte da a los nichos y daba mucho el cante”, señala un trabajador. “El problema no es que se vean los huesos, sino que algún loco coja un cráneo y lo ponga encima del televisor de su casa”, comenta.

Sobre el muro, numerosas lápidas superpuestas aguardan a que alguien las reclame. Según otro de los empleados, cuando una lápida se cae de un nicho se apilan a la intemperie junto a este antiguo osario por si alguien pregunta alguna vez por ella. “Ni siquiera existe un registro. Simplemente están ahí apiladas”, algunas de ellas rotas, afirma el trabajador. Empleados del cementerio aseguran que éstas no son las únicas irregularidades que presenta el camposanto, a las que se añade la inexistencia de una sala de despedida en el crematorio, aunque prefieren no denunciarlas aún.

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