Actualizado: 12/11/2018
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Así se muere un cementerio

Así se muere un cementerio

Vía: Autor: Alberto Cabello / El Correo

Hace más de 24 años que en Cádiz no se organiza un entierro. El cementerio de San José registró el 22 de enero de 1992 su última inhumación, desde entonces cualquier gaditano que fallece es trasladado a una necrópolis mancomunada en Chiclana de la Frontera.

Va para un cuarto de siglo que el camposanto gaditano no presta servicio, pero aún sigue en pie. Hace unos días el Ayuntamiento volvió a solicitar a la Consejería de Salud la clausura definitiva del recinto para su derribo. La idea es que ese espacio, unos 22.000 metros cuadrados, se convierta en una zona verde que tendrá algún tipo de recuerdo a los enterrados allí a lo largo de casi dos siglos. La ley ordena que ese suelo no podrá tener otra dedicación durante 50 años.

El Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria establece que es a partir de pasados diez años de su cierre cuando se puede clausurar. Sin embargo, ni consistorio ni Gobierno andaluz lograron ponerse de acuerdo a lo largo de todos estos años. La Junta sostiene que el Ayuntamiento no necesita de ninguna autorización de Salud para ejecutar las exhumaciones que quedan pendientes. El consistorio, por su parte, reconoce que es el encargado de los trabajos, pero sólo a partir de recibir el permiso de clausura.

La Delegación provincial de Salud no quiso dar ninguna opinión al respecto después de que este periódico pidiera más detalles. En medio de esta discrepancia, la Plataforma de Memoria Histórica de Cádiz y la asociación SOS Bebés Robados todavía tienen tarea pendiente en el recinto: desenterrar a los fusilados durante la Guerra Civil que fueron sepultados en fosas comunes del cementerio y niños que presuntamente fueron dados por muertos y posteriormente entregados a otras familias. Rodeado de edificios y en una ciudad con muy poco suelo para edificar, el cementerio de San José se quedó pequeño.

Desde junio de 1802, fecha en la que fue enterrado su primer inquilino, un hombre cuyo oficio era afeitar a los esclavos negros, hasta enero de 1992 hay registrados 285.141 personas sepultadas allí. Diez años antes de su cierre, en 1982, el Ayuntamiento (entonces gobernado en coalición por socialistas, comunistas y andalucistas) encargó un informe cuya conclusión fue que en 1987 el cementerio alcanzaría el máximo de su capacidad. La alternativa planteada el municipio fue la construcción en el flanco sur de la ciudad de una isla artificial sobre rellenos, en la que iría ubicado un cementerio marino.

Cinco años después del plazo estimado por ese informe, el camposanto ya no pudo albergar más cadáveres y desde ese día los gaditanos que fallecen son trasladados al mancomunado de Chiclana, siendo la tacita de plata una de las pocas ciudades españolas sin cementerio como Bilbao. Pero también hubo que iniciar el traslado de todos los enterrados con anterioridad a 1992. «Nos enviaron una comunicación en la que se nos daba un plazo para el traslado de los restos. Tuvimos que pagar un dinero, creo que algo más de 900 euros y nos hicimos cargo del traslado de Cádiz a Chiclana en 2001. A mi hermano lo llevamos al nuevo cementerio en un pequeño osario dentro del Seat Ibiza de mi yerno», recuerda Carmen.

El coste de la exhumación, el precio del osario, los gastos sanitarios y la adquisición de un nuevo nicho en el mancomunado podían elevar el precio hasta las 80.000 pesetas. El Ayuntamiento abrió cuatro líneas de ayudas, que iban desde la gratuidad total para familias sin recursos hasta un curioso sistema de entregas a cuenta. Se estableció un plazo de diez años para el proceso, pero fue necesario ampliarlo cuatro más. Los panteones de gaditanos ilustres fueron trasladados también al nuevo cementerio de Chiclana. El de Moreno de Mora cambió de ubicación en 1998 después de ser desmontado en 1.170 piezas que fueron después unidas de nuevo.

Costó más de lo esperado, pero el cementerio de San José quedó prácticamente desalojado. En el subsuelo de la instalación aún está por desenterrar lo que en Cádiz se llama «la piscina», una enorme fosa común en la que los historiadores estiman que podrían haber sido sepultados entre 400 y 600 fusilados durante la Guerra Civil.

La Plataforma de Memoria Histórica logró después de años de pelea recuperar los restos de ocho represaliados, de los que seis fueron identificados. Ese trabajo se inició meses después de que José María González asumiera el gobierno municipal después de las dos décadas de la popular Teófila Martínez. «La actitud de este equipo de gobierno ha cambiado de la noche al día. Durante diez años nos encontramos con la negativa de la alcaldesa y su equipo a iniciar los trabajos. Si se cumplen los plazos, el año que viene podremos actuar en la piscina», asegura Antonio Chico, presidente de la Plataforma.

Chico aclara que la clausura o no del cementerio no alterará el inicio de las excavaciones, sí en el caso de SOS Bebés Robados que necesita la clausura para proceder a las exhumaciones. A ese acuerdo llegaron con el actual alcalde, un paso adelante respecto al bloqueo que siempre planteó el PP cuando estaba al frente del Ayuntamiento. La asociación tiene solicitadas 66 exhumaciones desde hace tres años, pero ninguna de ellas se ha realizado.

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