Actualizado: 28/09/2020
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Un cementerio de ataúdes en la ciudad

Un cementerio de ataúdes en la ciudad

Vía: Autor: Miguel Ángel Zamora / Diario de León

A la tarde de septiembre se le pone cara de agosto. A 35 grados de temperatura, el polvo del camino ahoga. No hay signos de vida latente, ni siquiera insectos que molesten. A la entrada del camino, un contenedor vigilante cierra el paso. Fue objeto de un extenso litigio entre la pedanía de Santa Olaja De La Varga (León) y el empresario que regentaba el vertedero. Luego se llegó a un acuerdo y las disensiones pasaron a mejor vida.

Como los usuarios de tres ataúdes de color castaño y uno blanco (las dimensiones confirman que fue ideado para un niño) que se amontonan junto a puertas, maderas, ventanas, tablas y una montonera considerable de deshechos que resisten al paso del tiempo.

Un zapato yace al lado del féretro forrado en morado. Tiene un toque macabro. En toda la montonera de restos solamente hay muebles y derivados. No cuadra demasiado. «Una vez que vine por aquí había cuero cabelludo», explica un vecino que pasea por la zona. «Aquí todo el pueblo sabemos que hay cosas de estas. Lo que no sabemos es cómo se permite, pero a cualquiera que le preguntes, sabe de esta historia».

Dos montoneras
Los vertidos se apilan en dos zonas. Por una parte hay restos orgánicos que parecen parte de las tareas de trabajo en áreas de campo abierto. A pocos metros, con no menos volumen y la misma altura, un nutrido muestrario de restos de mobiliario concentra puertas, ventanas, marcos, trozos de madera sin más y tres tapas con sus correspondientes crucifijos.

Después de una excursión a los alrededores del área, se constata que no hay más hallazgos. La gravera de toda la vida se mantiene en los mismos términos en los que se conoció históricamente, restos de siega y otras hierbas conforman el segundo grupo y entre las tablas y maderas las hay que dieron servicio a los vivos y las que trataban de dar descanso (sin conseguirlo) a los muertos se cuadra el círculo.

Al abandonar el lugar es inevitable volver la cabeza atrás. La vista topa con la caja blanca reservada a un usuario de no más de un año de existencia. Cosas de la vida.

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