Actualizado: 21/11/2018
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Viudas que se casan y devuelven las cenizas

Viudas que se casan y devuelven las cenizas

Vía: María José Muñoz / ABC

Los tiempos están cambiando, marcados o no por la crisis. En los casi nueve años que por estas tierras se lleva incinerando a los muertos, el porcentaje de personas fallecidas cuyos restos han sido sometidos al efecto del fuego ha pasado de cero al 30 por ciento, frente al 70% que aún reciben sepultura. «Pero es que empezamos con un 1 por ciento».

Lo explica a ABC el empresario toledano José María San Román, de la empresa de servicios funerarios Finisterre, quien detalla la moda de hacer pequeños relicarios de las cenizas para collares, pulseras o llaveros. Una forma de llevar siempre consigo el recuerdo «palpable» de los seres queridos que un día dijeron adiós.

Aunque aún no se haya exportado a la provincia de Toledo desde la Comunidad Valenciana, lo último en asuntos funerarios subraya San Románes introducir las cenizas del difunto «a bordo» de los cohetes de las tracas para escenificar quizá la vuelta al espacio de los seres humanos, en comunión con ese Universo al que todos pertenecemos. «Eso se ha puesto de moda y lo está ofertando una funeraria de Valencia», asegura. «Convierta las cenizas de sus seres queridos en fuegos artificiales», rezaba el anuncio.

La incineración es un método mucho más ecológico y limpio. Pero, fundamentalmente, mucho más barato: Entre la sepultura y su revestimiento (lápida) se pagan entre 5.000 y 7.000 euros, como mínimo, frente a la incineración, que cuesta «solo» 447 euros. Explica San Román que actualmente un 80% de la población fallece en hospitales, no donde ha nacido, «y mucha gente incinera y se lleva las cenizas a su ciudad o su pueblo».

Cenizas en un coche robado

En el anecdotario inevitable destacan esos casos de «gente que se lleva las cenizas a su casa y, por ejemplo, se vuelve a casar y no sabe qué hacer con las cenizas del señor. Entonces, nos devuelven las cenizas y las echamos al ‘Jardín del Recuerdo’ que tenemos en el cementerio, donde se esparcen las cenizas, o bien en el osario común, ‘El Pozo del recuerdo’».

Una vez, la Guardia Civil llamó a San Román tras encontrar en un coche robado una urna con cenizas y no saber qué hacer con ellas: «Los ladrones habían quitado el nombre del fallecido de la urna: los agentes nos trajeron las cenizas y las esparcimos en el Jardín del Recuerdo».

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