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El tanatorio que transformó Pamplona cumple medio siglo

El tanatorio que transformó Pamplona cumple medio siglo

Hace 50 años, Pamplona fue testigo de un cambio significativo en cómo se despedía a los seres queridos. En medio de debates y resistencias, el 30 de octubre de 1976, se inauguró el primer tanatorio de la ciudad: el Tanatorio Irache. Situado al final de la calle Monasterio de Irache en el barrio de San Juan, este lugar nació de la colaboración entre cuatro de las seis funerarias que entonces operaban en la capital navarra: Ardaiz, Azcona, Ortigosa y Unzué.

La historia de este tanatorio es más que la de un simple edificio; es un relato de resistencia y transformación social. Durante dos años, antes de su apertura, el proyecto enfrentó oposición incluso desde el propio Ayuntamiento de Pamplona, que se negaba a otorgar el permiso, esperando que los tribunales les obligaran a concederlo. Los vecinos del barrio de San Juan también se opusieron, preocupados por la cercanía del tanatorio a las viviendas y el impacto psicológico que podría tener. En una encuesta realizada por el ayuntamiento, muchos vecinos sugirieron lugares como la Plaza del Castillo o incluso la casa de un concejal como ubicaciones más adecuadas.

Félix Azcona, el primer gerente de la sociedad, explicó que el tanatorio englobaba todos los servicios fúnebres, desde oficinas hasta talleres, y contaba con tanato-salas, un concepto novedoso en aquel entonces. Estas salas ofrecían un espacio separado para el féretro, lo que permitía a las familias despedirse en un entorno diferente al hogar o al hospital, como se hacía hasta entonces.

A pesar de las reticencias iniciales, la idea de un tanatorio se extendió rápidamente, y pronto se convirtió en parte del paisaje urbano. La posibilidad de que varias familias utilizaran el mismo espacio para diferentes velatorios en el mismo día era un concepto innovador que facilitó su aceptación. Modelos similares ya eran comunes en América y algunas capitales europeas, pero en España apenas existían, siendo Madrid, Barcelona y La Coruña algunas de las pocas ciudades que contaban con esta infraestructura.

En 1975, el Tribunal Administrativo de Navarra falló a favor de las funerarias, reconociendo que el proyecto cumplía con todos los requisitos necesarios. Finalmente, un mes después, el tanatorio recibió la licencia municipal para operar. Hoy, el panorama ha cambiado notablemente. Los tanatorios se han integrado en la vida de la ciudad, con nuevas instalaciones como San Alberto, hoy Enalta, en Ermitagaña, y el tanatorio Izarra en el Ensanche.

Este aniversario marca un hito en la historia de Pamplona, recordándonos cómo las innovaciones, aunque enfrentadas inicialmente a la resistencia, pueden llegar a convertirse en parte esencial de la vida cotidiana.

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