En un pequeño rincón de Guadix, junto al cementerio municipal de San José, una congregación religiosa ha sido testigo de un renacimiento inesperado. Durante años, los Hermanos Fossores de la Misericordia han vivido con la incertidumbre del relevo generacional. Fundada en 1953 por fray José María de Jesús Crucificado, esta congregación ha dedicado su vida a cuidar cementerios, dar sepultura a los difuntos y acompañar a sus familias.
En un momento donde muchas comunidades religiosas enfrentan cierres por falta de vocaciones, los Fossores celebraron recientemente tres profesiones religiosas. Fray Vicente y fray Josef realizaron su profesión temporal el 15 de octubre, en una ceremonia presidida por el obispo de Guadix, Francisco Jesús Orozco. Apenas nueve días antes, fray José Albeiro Jiménez había pronunciado sus votos perpetuos.
Esta continuidad de vocaciones representa una luz de esperanza para los Fossores. El compromiso de estos hermanos va más allá de un simple ingreso a la vida religiosa; es la continuación de un camino iniciado años atrás. En Guadix, su presencia es más que una tradición; es un apoyo constante para las familias en duelo, un servicio que ha cimentado su arraigo en la comunidad.
El Ayuntamiento de Guadix, representado por la concejala Encarnación Molero, expresó su reconocimiento a esta congregación. Su labor, aunque discreta, ha sido invaluable para la ciudad, especialmente en los momentos de despedida de los seres queridos.
El futuro de los Hermanos Fossores aún enfrenta desafíos, pero los recientes compromisos religiosos ofrecen una renovada esperanza. Este octubre, a las puertas de Todos los Santos y de la conmemoración de los Fieles Difuntos, las profesiones de fray Vicente, fray Josef y fray José Albeiro simbolizan un paso adelante en el legado de una comunidad que ha sido parte integral de Guadix durante más de setenta años.



