La ola de éxito que ha acompañado a La bola negra, película de Los Javis que ha cautivado a casi cuatro millones de espectadores, ha trascendido la gran pantalla, convirtiendo a un cementerio en Santander en un inesperado lugar de peregrinación. La cinta, que entrelaza tres historias en distintas épocas, ha despertado un renovado interés por figuras históricas reales, como la de Rafael Rodríguez Rapún, el penúltimo amor de Federico García Lorca. Este personaje, interpretado por Miguel Bernabeu en la trama de 1937, ha capturado la imaginación del público, llevándolo a buscar la tumba de Rapún en el cementerio de Ciriego.
Este camposanto, inaugurado en 1893 y parte de la Ruta Europea de Cementerios, se alza en la costa cántabra como un monumento a la memoria y al arte funerario. Proyectado por el arquitecto Casimiro Pérez de la Riva, el cementerio se caracteriza por su diseño de cruz y su intrincado entramado de calles que albergan sepulturas de notable valor artístico. Antes de que La bola negra lo pusiera en el centro de atención, Ciriego ya era un destino popular entre los aficionados al necroturismo debido a su proximidad al mar y su riqueza escultórica.
La historia de Rapún, un ingeniero, futbolista y militar republicano que murió a los 25 años durante la batalla de Santander, ha sido revivida gracias a la narrativa de La bola negra y a la obra teatral La piedra oscura, escrita por Alberto Conejero. En la película, la relación entre el ficticio Sebastián y el real Rapún, junto con las memorias de María Teresa León, tejen una trama que resuena profundamente con el público.
El cementerio de Ciriego no solo es un lugar de descanso eterno, sino también un espacio donde la historia personal de Rapún se entrelaza con la de García Lorca, su amante y poeta granadino. Lorca, asesinado en 1936, dejó una huella imborrable en Rapún, cuya muerte coincidió con el aniversario del asesinato del poeta. Este detalle, junto con la narrativa cinematográfica y teatral, ha llevado a muchos a visitar su tumba, compartiendo la experiencia en redes sociales y avivando la llama de su memoria.
El legado de Rapún y su conexión con Lorca han encontrado un nuevo eco en el cementerio de Ciriego, donde las historias de amor, pérdida y memoria se entrelazan en un escenario que sigue fascinando a visitantes de todas partes. La película ha conseguido no solo entretener, sino también educar e inspirar, reavivando el interés por figuras históricas y lugares olvidados.



