En la silenciosa y ordenada región de Lugano, en el cantón suizo del Tesino, un suceso insólito se apoderó de la atención de los vecinos. Durante 18 días, el cuerpo de un fallecido permaneció en una funeraria, sin ser incinerado. ¿La razón? Nadie quería o podía pagar los gastos de la cremación. Este caso, que podría parecer una excepción a la regla, refleja una realidad más común de lo que parece.
El responsable de la funeraria, al ser consultado, expresó su incertidumbre: «Todavía no sé quién pagará al final». En un intento por solucionar el impasse, el municipio ha considerado adelantar el dinero, mientras se exploran otras opciones, como resolver el asunto con el banco del fallecido o incluso iniciar un procedimiento sucesorio. La situación, aunque resuelta de manera temporal, deja en evidencia las dificultades que se enfrentan cuando no hay claros responsables económicos para un servicio tan delicado.
Este no es un caso aislado. El responsable de la funeraria ha enfrentado situaciones similares en el pasado, sobre todo cuando el fallecido tenía pocos recursos, vivía solo o había perdido el contacto con sus familias. «Desgraciadamente, ya he conocido casos similares, también en otros municipios», comentó. Esta frecuencia ha llevado a algunas funerarias a tomar precauciones adicionales antes de aceptar encargos, requiriendo claridad sobre quién se hará cargo de los costos desde el principio.
El dilema de hablar de dinero en momentos de duelo es otro desafío que enfrentan las funerarias. Un profesional del sector en el Tesino compartió que, en ocasiones, los familiares solicitan el servicio sin prever los costos y, posteriormente, informan que no pueden pagarlos. «Casi tenemos la impresión de estar haciendo chantaje ante la muerte», expresó, añadiendo que, a pesar de todo, las funerarias también deben cubrir sus propios costos.
Este fenómeno podría llevar a un cambio en la forma en que las funerarias abordan sus servicios, con un enfoque más precavido y quizás, más formalizado en cuanto a las responsabilidades financieras. La historia de Lugano, aunque resuelta provisionalmente, invita a reflexionar sobre la importancia de planificar y prever situaciones que, aunque inevitables, pueden ser manejadas con un poco más de previsión y empatía.



