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De granero a cementerio: un viaje en el tiempo en la cueva de Gran Canaria

De granero a cementerio: un viaje en el tiempo en la cueva de Gran Canaria

En lo profundo de la isla de Gran Canaria, un hallazgo arqueológico ha reescrito la historia de uno de sus lugares más enigmáticos: la cueva de Cruz de la Esquina. Un equipo internacional de investigadores, liderado por Pedro Henríquez-Valido de la Universidad de Alcalá, ha desenterrado secretos que el tiempo había enterrado, revelando la sorprendente transformación de este espacio a lo largo de los siglos.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Antiquity, se centró en el análisis de más de 8.000 restos de insectos encontrados en la cueva. Estos diminutos testigos del pasado han desvelado que, antes de convertirse en un lugar de descanso eterno, la cueva fue utilizada como granero. La abundancia de gorgojos y otros insectos relacionados con el almacenamiento de cereales indica que allí se guardaron grandes cantidades de grano, mucho más de lo que se esperaría para simples ofrendas funerarias.

Esta revelación ha llevado a los investigadores a replantearse la funcionalidad original de la cueva. Tradicionalmente clasificada como un espacio funerario, Cruz de la Esquina ahora se presenta como un ejemplo de cómo los antiguos canarios adaptaban y reutilizaban sus espacios según las necesidades de la época. El hecho de que un lugar destinado inicialmente al almacenamiento de alimentos se transformara posteriormente en un recinto funerario sugiere una complejidad cultural y social que apenas comenzamos a comprender.

Además de los restos de insectos, la cueva ha conservado materiales orgánicos como madera, fibras vegetales y cuero, proporcionando un contexto más rico sobre las prácticas funerarias de la población indígena. La investigación ha permitido entender que los cuerpos fueron introducidos en la cueva poco después de la muerte, desafiando teorías anteriores que sugerían una exposición prolongada de los cadáveres al aire libre.

Para los arqueólogos implicados en el proyecto, como Jean-Bernard Huchet, la disciplina de la arqueoentomología ha demostrado ser una herramienta invaluable. El estudio de insectos de contextos arqueológicos ofrece una nueva perspectiva sobre cómo se transformaron y utilizaron los espacios en el pasado, abriendo la puerta a futuras investigaciones en otros yacimientos del archipiélago.

La historia de Cruz de la Esquina es un testimonio de la adaptabilidad y la ingeniosidad de las sociedades antiguas. A través de los ojos de los insectos, hemos podido reconstruir una narrativa que nos conecta con aquellos que habitaron las islas mucho antes de que las palabras pudieran contar su historia. Este descubrimiento no solo enriquece nuestro conocimiento del pasado, sino que también nos invita a mirar con nuevos ojos el futuro de la arqueología en Gran Canaria.

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