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Dormir entre tumbas: la realidad de quienes no tienen hogar en la isla del lujo

Dormir entre tumbas: la realidad de quienes no tienen hogar en la isla del lujo

En el corazón de la paradisíaca Ibiza, donde el lujo parece ser el rey, existe una realidad menos conocida y profundamente inquietante. Al caer la noche en el cementerio de Sant Jordi, un lugar que debería ser solo para los muertos, se convierte en refugio para los vivos atrapados en la espiral de la falta de vivienda. Entre lápidas y nichos vacíos, algunas personas han encontrado un lugar donde dormir lejos de las miradas y las persecuciones.

Este fenómeno no es nuevo, pero sí alarmante. La burbuja inmobiliaria en las Baleares ha dejado a muchos sin la capacidad de costear un techo. A medida que los precios de la vivienda se disparaban, las furgonetas y caravanas se convirtieron en hogares improvisados para temporeros y funcionarios. Pero incluso estos vehículos han dejado de ser una opción viable, y así surgieron los asentamientos ilegales, y más recientemente, el insólito uso de los cementerios como refugio.

Según Cáritas, la cantidad de personas sin hogar ha aumentado drásticamente, alcanzando casi las 200 en la isla. Para algunos, esta es la mejor opción disponible. El cementerio, con su silencio y tranquilidad, ofrece un espacio donde dormir sin ser molestados. Sin embargo, esta situación ha generado incomodidad entre los vecinos y familiares que visitan a sus difuntos, preocupados por la profanación de un espacio destinado al descanso eterno.

El Ayuntamiento de Sant Josep, responsable del camposanto, ha implementado medidas de seguridad, cerrando las puertas del cementerio a las nueve de la noche y abriéndolas doce horas después. Aseguran que las personas que aceptaron ayuda están siendo atendidas por Servicios Sociales, aunque la falta de soluciones reales sigue siendo un problema latente. Mientras tanto, la especulación inmobiliaria y la falta de vivienda pública continúan agravando la situación, dejando a muchos atrapados en un ciclo de vulnerabilidad.

El problema habitacional en Ibiza es solo una parte de un panorama más amplio en Baleares. Un 34,2% de las personas sin hogar han llegado a esta situación por problemas relacionados con la vivienda. El Informe FOESSA señala que uno de cada cinco trabajadores en el archipiélago está en riesgo de exclusión social, atrapados en un sistema que no les permite costearse el nivel de vida que la isla exige.

En Sant Jordi, al caer la noche, las personas sin hogar buscan lugares donde pasar la noche, envueltos en mantas y sudaderas, enfrentando el frío de la inminente llegada del otoño. Este es solo un reflejo de la creciente brecha entre quienes pueden disfrutar del lujo y aquellos que, a pesar de trabajar, no pueden permitirse un techo.

Ibiza, la isla del lujo, se enfrenta a un dilema: el crecimiento económico no se traduce en bienestar para todos sus habitantes. Mientras algunos disfrutan de sus paraísos privados, otros duermen entre tumbas, esperando un cambio que parece lejano. La brecha entre los que más tienen y los que menos tienen sigue creciendo, y la clase media cada vez se ve más cerca de la exclusión. La isla del lujo tiene un lado oscuro que pide a gritos ser atendido.

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