La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha autorizado un total de 24 operaciones de concentración durante los meses de julio y agosto. Cinco de ellas corresponden al sector asegurador y, dentro de este grupo, tres afectan directamente al ámbito funerario español.
Las operaciones vuelven a poner sobre la mesa una tendencia que se viene observando desde hace años: la progresiva concentración del sector funerario en torno a grandes grupos empresariales, algunos de ellos vinculados directamente a compañías aseguradoras.
Una de las operaciones autorizadas es la adquisición de Pompas Fúnebres Aragón por parte de Albia Gestión de Servicios. La operación supone la compra del 100% de las participaciones sociales de la empresa aragonesa por Albia, compañía funeraria perteneciente a New Norrsken Consulting & Group y controlada por Santalucía.
Con esta adquisición, Albia refuerza su presencia territorial y aumenta su peso dentro del mercado funerario, siguiendo una estrategia de crecimiento mediante la incorporación de empresas ya implantadas localmente.
La segunda operación afecta a Lucem, que ha adquirido el control total de Ángel Cuenca. Lucem desarrolla servicios funerarios y actividad mayorista de tanatorio y crematorio en Valencia y está respaldada por Enalta, empresa controlada por Funespaña, integrada a su vez en Mapfre España.
La compra permite al grupo ampliar su presencia en la Comunidad Valenciana y supone una nueva incorporación de una empresa funeraria a una estructura empresarial de mayor tamaño vinculada al sector asegurador.
La tercera operación autorizada por la CNMC es la adquisición de los activos del negocio de Tanatorio Mislata por parte de ASV Funeser.
Funeser presta servicios funerarios integrales y está controlada al 100% por Auto Sport y Ambulancias Sanitarias, grupo empresarial que también controla la aseguradora Meridiano. Aunque el holding no desarrolla directamente actividad funeraria, la operación refuerza nuevamente la relación existente entre grandes estructuras aseguradoras y empresas dedicadas a la prestación de servicios funerarios.
Las tres operaciones tienen un elemento común: empresas funerarias o activos locales pasan a integrarse en grupos empresariales de mayor dimensión, algunos de ellos relacionados directamente con compañías aseguradoras de decesos.
La autorización de estas adquisiciones por parte de la CNMC significa que el organismo no ha considerado que, individualmente, las operaciones planteen obstáculos suficientes para impedirlas desde el punto de vista de la competencia. No implica, sin embargo, que la concentración empresarial resulte necesariamente beneficiosa para el consumidor ni que sus efectos sobre el mercado sean automáticamente positivos.
La evolución del sector funerario español muestra desde hace años una combinación aparentemente contradictoria. Por un lado continúa existiendo un número elevado de pequeñas y medianas empresas, muchas de carácter familiar o local. Por otro, los grandes grupos siguen aumentando su presencia mediante compras, fusiones e integración de funerarias, tanatorios, crematorios y otros activos.
Este proceso resulta especialmente relevante en un sector en el que las aseguradoras de decesos canalizan una parte muy importante de la demanda. Cuando un mismo grupo participa tanto en el aseguramiento del cliente como en la prestación posterior del servicio funerario, la integración vertical adquiere una importancia creciente desde el punto de vista de la competencia.
Las adquisiciones de Pompas Fúnebres Aragón, Ángel Cuenca y los activos de Tanatorio Mislata constituyen tres nuevos ejemplos de esta evolución.
Cada una de las operaciones puede tener una dimensión limitada si se analiza de forma aislada. Sin embargo, su acumulación a lo largo del tiempo dibuja un mercado en el que determinados grupos aumentan progresivamente su implantación territorial, sus infraestructuras y su capacidad para gestionar directamente una parte cada vez mayor de los servicios funerarios.
La cuestión de fondo, por tanto, no es únicamente si cada operación concreta supera el control de concentraciones de la CNMC, sino hasta qué punto la suma continuada de adquisiciones puede modificar a medio y largo plazo la estructura del sector funerario español.
El mercado sigue contando con numerosos operadores independientes, pero la sucesión de compras protagonizadas por grandes grupos demuestra que la concentración empresarial continúa avanzando.
Más que presentar estas operaciones únicamente como procesos de expansión, modernización o mejora de servicios, conviene observarlas también desde otra perspectiva: la de un sector en el que un número reducido de grandes compañías está aumentando de forma progresiva su peso económico y territorial.
La evolución de los próximos años permitirá comprobar si esta tendencia mantiene un mercado ampliamente competitivo o si, por el contrario, termina configurando un escenario dominado por unos pocos grandes grupos funerarios y aseguradores.



