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Vivir entre lápidas: la nueva tendencia de viviendas en cementerios de EE.UU.

Vivir entre lápidas: la nueva tendencia de viviendas en cementerios de EE.UU.

En un rincón tranquilo de Nueva York, Leah Guadagnoli ha encontrado un hogar poco convencional: una antigua iglesia del siglo XIX transformada en vivienda, situada junto a las tumbas de 170 almas. Para muchos, vivir entre lápidas podría parecer extraño, pero para Guadagnoli y su prometido, Tim Sengenberger, el entorno es sorprendentemente pacífico. «Aquí todos los espíritus son pacíficos», dice con una sonrisa, mientras organiza banquetes y recoge flores locales para sus recetas culinarias.

Este fenómeno no es exclusivo de Nueva York. En Nueva Jersey, Sarah Gundle, psicóloga, también ha encontrado serenidad en su hogar, una iglesia del siglo XIX rodeada de lápidas desgastadas por el tiempo. A pesar de las inscripciones conmovedoras como «Hijo pequeño», Gundle ha descubierto que vivir entre tumbas inspira compasión y reflexión sobre la fragilidad de la vida. Los visitantes del cementerio, lejos de evitarla, buscan conversación y encuentran consuelo en la compañía de Gundle y su familia.

La demanda de viviendas en cementerios está en aumento en Estados Unidos, impulsada por la venta de propiedades religiosas y seculares. Este fenómeno ha capturado la atención mediática, generando titulares que juegan con el morbo y la curiosidad. Sin embargo, para los residentes, la experiencia es mucho más que una aventura excéntrica; es una forma de vida que ofrece una conexión única con la historia y la naturaleza.

En Bellefonte, Pensilvania, Kat Momenzadeh y su esposo Ed Choma han transformado una antigua caseta de entrada a un cementerio en su hogar. Conocida localmente como «la que tiene el agujero en el medio», la propiedad fue objeto de una remodelación significativa, convirtiéndose en un refugio acogedor para la familia y sus dos hijos. Explorando el cementerio, sus rutas los llevan a una tumba marcada por un ángel de piedra, donde siempre se detienen para saludar a una pequeña llamada Gladys.

Este estilo de vida no se limita a los Estados Unidos. En Londres, Nicholas Horowitz y su familia han hecho su hogar en una casa parroquial gótica junto al antiguo cementerio de Paddington. Aquí, los búhos y los zorros prosperan entre las tumbas de celebridades, creando un ambiente sereno y casi monástico. Para Horowitz y su esposa, Sophia Tran-Thomson, la tranquilidad del cementerio ofrece un escape bienvenido del bullicio urbano.

La tendencia de establecer residencias en cementerios es un retorno a prácticas antiguas, donde las familias enterraban a sus seres queridos en propiedades personales. Con el tiempo, estos lugares se transforman en santuarios de memoria y reflexión, un recordatorio de la continuidad de la vida y la muerte.

Vivir entre lápidas es más que un fenómeno peculiar; es una elección de vida que desafía las normas y celebra la conexión eterna entre los vivos y los muertos. Para quienes han adoptado este estilo de vida, el cementerio no es un lugar de miedo, sino un espacio de paz, donde la historia cobra vida y la naturaleza se entrelaza con la memoria.

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