Un inesperado giro en el proceso de licitación de los servicios de seguridad de los cementerios de Barcelona ha dejado a muchos preguntándose qué salió mal. A pesar de la magnitud del contrato, que forma parte de un acuerdo mayor valorado en 56,4 millones de euros, el lote dedicado a Cementiris de Barcelona S.A. (CBSA) quedó sorprendentemente desierto. Mientras que otros tres lotes del contrato, destinados a distintas instalaciones de Barcelona de Serveis Municipals (B:SM), sí atrajeron algunas ofertas, aunque en número reducido, el lote de los cementerios no recibió ninguna.
La situación se complica debido a que el nuevo contrato debía comenzar el 1 de diciembre de 2026 y extenderse hasta el 30 de noviembre de 2028, con la opción de dos prórrogas anuales. La necesidad de relanzar el procedimiento de licitación deja a las autoridades con un calendario ajustado para adjudicarlo a tiempo. Fuentes municipales han indicado la intención de volver a licitar este lote en los próximos días, pero hasta ahora no se ha publicado ningún nuevo expediente.
La ausencia de ofertas ha generado especulaciones sobre las razones detrás de esta falta de interés. Aunque ninguna empresa ha explicado públicamente su decisión de no participar, varios factores podrían haber influido. El lote correspondiente a los cementerios, con un valor estimado de 3,81 millones de euros, constituía solo un pequeño porcentaje del total del contrato y podría haber sido considerado menos atractivo económicamente. Además, una regla en los pliegos limitaba a las empresas a resultar adjudicatarias de solo uno de los lotes, lo que pudo desincentivar a algunas compañías de optar por el lote menos valioso.
El contexto de seguridad de los cementerios también ha estado bajo escrutinio, especialmente tras incidentes de vandalismo que han subrayado la necesidad de una vigilancia eficaz. En enero de 2026, tumbas del cementerio hebreo de Les Corts fueron vandalizadas, lo que obligó a cerrar temporalmente varios espacios y reforzar las medidas de seguridad.
Por otro lado, la complejidad del servicio, que no se limita a la simple presencia de vigilantes, sino que requiere una gestión integral y coordinada de seguridad en múltiples recintos, podría haber añadido un nivel de dificultad percibido por las empresas.
En resumen, la falta de ofertas parece ser el resultado de una combinación de factores, desde la estructura del contrato y las limitaciones de adjudicación hasta las complejidades inherentes al servicio de seguridad. Ahora, B:SM tiene el desafío de relanzar la licitación con condiciones que consigan atraer a las empresas necesarias para garantizar la seguridad en estos espacios sensibles. El tiempo apremia y la continuidad del servicio de seguridad es crucial para proteger estos lugares de descanso final.



