En Shanghái, las restricciones a la práctica católica han llegado ya al último momento de la vida. Tras meses de limitaciones sobre iglesias, peregrinaciones, venta de Biblias y actividades religiosas en internet, las funerarias de la ciudad han comenzado también a negar la celebración de funerales católicos, según un informe sobre la situación de los fieles difundido este mes de agosto.
La medida resulta especialmente significativa porque traslada el control religioso al ámbito funerario. Ya no se trata únicamente de impedir determinadas actividades públicas o limitar la formación de los creyentes: las restricciones afectan ahora a las familias cuando deben despedir a sus muertos y pretenden hacerlo conforme a sus creencias.
El testimonio procede de un católico de Shanghái que, por motivos de seguridad, permanece en el anonimato y que durante el último año ha documentado el progresivo estrechamiento del espacio disponible para vivir públicamente su fe. Su informe está fechado el 1 de agosto de 2026 y fue difundido el día 19 a través de una conocida cuenta de periodismo ciudadano y disidencia china en la red social X.
Entre los últimos acontecimientos recogidos aparece precisamente la situación de las funerarias de Shanghái, que estarían rechazando la celebración de ceremonias funerarias católicas. La organización ChinaAid, dedicada a la defensa de los derechos humanos y de inspiración cristiana, se hizo eco de estas denuncias en un reportaje firmado por Gao Zhensai.
La prohibición adquiere una dimensión particular en el caso de una confesión como la católica, en la que los ritos relacionados con la muerte, las exequias y la oración por los difuntos forman parte esencial de la práctica religiosa. Para las familias afectadas, la restricción significa que incluso el momento de despedir a un fallecido puede quedar sometido a condicionamientos externos.
No es, sin embargo, un episodio aislado. El informe describe una sucesión de medidas que permiten entender cómo se ha llegado hasta este punto.
La tienda de artículos religiosos vinculada a la catedral de San Ignacio de Shanghái, conocida también como catedral de Xujiahui, ha dejado de vender Biblias. Cuando el autor preguntó por ellas, recibió una respuesta tan sencilla como reveladora: «Se han ido, se han ido todas».
El templo, además, permanece cerrado a los visitantes desde comienzos de 2026 bajo el argumento de que se están realizando reformas. Según el autor del informe, su eventual reapertura no dependería únicamente de las autoridades eclesiásticas.
Situaciones similares se habrían producido en Pekín, donde también se habrían retirado Biblias de la venta en iglesias.
Las peregrinaciones constituyen otro de los ámbitos afectados. Durante julio se canceló una peregrinación fuera de Pekín debido a las nuevas exigencias administrativas. Un sacerdote explicó que organizar este tipo de desplazamientos requiere autorizaciones difíciles de obtener y que las parroquias deben informar sobre los fieles que viajan sin permiso.
El resultado práctico es que muchas actividades religiosas que anteriormente podían desarrollarse de manera colectiva han quedado reducidas a desplazamientos de pequeños grupos.
El cerco alcanza también al ámbito digital. La aplicación católica china Wan You Zhen Yuan dejó de retransmitir diariamente el Rosario desde el santuario de Nuestra Señora de Lourdes en diciembre de 2025. Posteriormente también desaparecieron cursos de formación espiritual impartidos a través de internet.
Las consecuencias llegan incluso a la vida laboral. El informe relata el caso de un joven católico de la provincia de Shandong que trabaja como funcionario público y teme perder su empleo si se descubre su condición de creyente. Para evitar ser identificado, aprovecha los viajes laborales para acudir a misa y permanece dentro de la iglesia con una mascarilla.
Pero es probablemente lo ocurrido en las funerarias lo que mejor refleja hasta dónde está llegando esta situación. Cuando una familia tampoco puede despedir a sus muertos conforme a sus creencias, la restricción deja de afectar únicamente a la práctica cotidiana y alcanza uno de los ritos más íntimos y universales de cualquier comunidad.
Durante siglos, los funerales han sido uno de los momentos en los que la identidad religiosa se expresa con mayor intensidad: acompañar al fallecido, reunir a familiares y amigos, rezar y celebrar unas exequias constituye también una forma de preservar la memoria y los vínculos de una comunidad.
En Shanghái, según estas denuncias, ese espacio también comienza a cerrarse.
La desaparición de las Biblias de las tiendas, el cierre de templos, las dificultades para realizar peregrinaciones o seguir formación religiosa pueden parecer medidas independientes. La prohibición de funerales católicos permite, sin embargo, contemplarlas como partes de un mismo proceso.
Un proceso que empieza condicionando cómo se practica una religión y termina decidiendo incluso cómo puede una familia enterrar y despedir a sus muertos.



