En Cartagena, una disputa de larga data entre la Asociación de Familias Musulmanas de Cartagena (AFAMUCA) y el gobierno local ha vuelto a encenderse. Todo gira en torno a un cementerio multiconfesional privado que el ayuntamiento parece decidido a instalar, ignorando, según AFAMUCA, las necesidades y derechos de la comunidad musulmana.
El conflicto se intensificó cuando la junta de gobierno del ayuntamiento rechazó el recurso presentado por AFAMUCA contra la autorización de uso de suelo para el nuevo cementerio. La negativa se escuda en que la decisión final recae en la Comunidad Autónoma, pero para Ana María Lozano, presidenta de AFAMUCA, esto no es más que una excusa.
Lozano acusa al gobierno local de «tomarles el pelo» y exige que se cumpla la sentencia de 2025, que obliga al ayuntamiento a ceder parcelas en cementerios públicos para enterramientos musulmanes. Esta sentencia, dictada por los tribunales hace año y medio, fue en su momento un paso significativo hacia la igualdad de derechos para la comunidad musulmana en Cartagena.
El ayuntamiento, por su parte, justifica su proceder señalando que la tramitación del uso del suelo es un proceso complejo, en el que la administración local tiene una capacidad limitada de decisión. Sin embargo, esta explicación no ha logrado calmar a AFAMUCA ni a las familias afectadas, que sienten que sus derechos están siendo ignorados.
El tira y afloja entre ambas partes sigue sin resolverse, y la frustración crece entre los miembros de AFAMUCA. Para ellos, este no es solo un asunto burocrático, sino una cuestión de dignidad y respeto. La comunidad musulmana de Cartagena, al igual que cualquier otro grupo religioso, busca un espacio donde sus seres queridos puedan ser enterrados siguiendo sus tradiciones.
La controversia sobre el cementerio multiconfesional no solo destaca la necesidad de espacios inclusivos, sino que también pone de manifiesto las tensiones que aún existen en torno a la convivencia interreligiosa. Con el caso aún sin resolver, tanto AFAMUCA como las autoridades locales deben encontrar una solución que respete la diversidad cultural y religiosa de la región.
En un mundo cada vez más multicultural, el desafío radica en garantizar que todas las comunidades tengan el mismo acceso a servicios esenciales, como el derecho a un entierro digno. La situación en Cartagena es un recordatorio de que la inclusión y el respeto son fundamentales para construir una sociedad equitativa y justa para todos.



